31 de enero de 2010

MI ABUELITO

 














Jaén, 2-enero-1985

Mi abuelito era, pues, mi abuelito.
Alto, delgado, con esos andares algo patosos, con esos andares despistados...
Le gustaba jugar con los nietos, ¡cuántas veces aguantó, en sus hombros a esa nieta que quería ver el gato en el tejado, o quería subirse a un árbol!, ¡cuántas veces retozó entre la hierba con sus nietas pequeñas!.
Le gustaba enseñarnos lo que él había aprendido, lo que a él le gustaba.
¡Cómo se alegraba cuando su nieto mayor decía de salir a cazar, temprano, con el arma dispuesta y las botas puestas!.
Le gustaba reirse con nosotros, y se achicaba y achicaba hasta asemejarse a nosotros, compartiendo nuestros juegos, nuestro humor, nuestra risa..., y de pronto crecía y crecía y era el abuelo que lo sabía todo, el abuelo honesto y emprendedor.
Aún recuerdo su cabeza blanca, sus ojos juguetones tras las gafas y esa sonrisa que siempre guardaba para nosotros.
Aquel día que decidió hacer unas migas e invitarnos. Subió a casa, se puso el mandil y allí estábamos todas a su alrededor pelando ajos, partiendo la carne, y él cantando, animándonos.
Y se reía, siempre se reía. Esa vitalidad, esa fuerza y esa alegría que tenía, nos inspiraba dulzura y nos hacía quererlo más y más.
Era, pues, nuestro abuelito querido, el que siempre deseábamos ver entrar, con su innegable encanto.
Era mi abuelo, era porque se fue, se lo llevaron una triste madrugada del 18 de junio.
Él solo, en la carretera, en la oscuridad de la noche, cuando un coche pasó veloz y le arrancó la vida, le arrancó la alegría  y todo lo que llevaba encima. Ese coche nos robó algo muy grande, muy preciado, aquella persona que nos hacía reir cada vez que nos visitaba. Y eso que ya teníamos el dolor de otra gran pérdida.
Siempre con chistes, con sus locuras, sus palabras cariñosas...
Era un gran abuelo, era un gran padre.
¡Qué feliz era cuando podía ayudar a sus hijos!
Cuando llegaba a casa, después de una excursión al campo, y desde la ventana de mi abuela, llamaba a mi madre, dos pisos más arriba, diciendo:
- ¡El Corsario!
Manzanas, patatas, pimientos, etc..., todo eso lo traía, como un regalo, y su sonrisa era grande.
Y nos hacía felices, con su gran tesoro, para nosotras.
Aún recuerdo su cara quieta, cada vez más blanca, en ese ataud cerrado, y esa boca cerrada, tantas veces sonriente..
Era él y no era. ¡No podía ser!
Ahora, seis meses después de su muerte, aún está en mi recuerdo, cada vez más vivo, y estará siempre, porque lo echo de menos, y me siento rara al no verlo entrar con esa sonrisa suya.
Me quedé sin algo precioso en mi vida, pero su recuerdo me acompañará, y todos llegarán a conocerlo, porque él era y es... mi abuelito.
De pié, a la izquierda, con Mª Trini en brazos
Varias imágenes antiguas de cómo mi abuelito estaba siempre rodeado de sus nietos y nietas. Así era él.
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28 de enero de 2010

EL ÚLTIMO BAILE

Primer ejercicio de un curso de escritura que estoy realizando on-line.
Me cuesta mucho trabajo enfrentarme a un folio en blanco, y crear una historia, con la estructura de un buen relato: planteamiento, nudo y desenlace.
Es difícil para mí hilvanar bien todos los detalles, conseguir un título original, que resuma todo lo que se quiere decir, y desarrollar una historia que enganche al lector.
El primer ejercicio es "Las palabras como germen de la escritura". A raíz de una greguería, había que escribir una historia.
La inspiración no llega cuando se le busca. La mía anda perdida entre cazuelas, tardes de teatro con los niños, papeles, quehaceres de la vida diaria, etc... etc...
A ver si con estos ejercicios me reencuentro con ella y volvemos a trabajar juntas.
Para esta ocasión -ya que me resultaba más fácil- mi historia está basada en "hechos reales", como los grandes bestseller.
¡Y qué mejor que transformar los sentimientos en palabras!

EL ÚLTIMO BAILE

"Catorce años tenía cuando te conocí.
Me acerqué a la papelería que nos recomendaron en el Instituto para comprar los libros de 1º de Bachillerato. Estaba abarrotada de chavales y mayores, esperando su turno para comprar el material.
Allí estabas tú, en la puerta, atento a cualquier movimiento sospechoso, por órdenes de tus jefes. Allí estabas tú, con esos grandes ojos azules, el cabello rubio y sedoso, que caía sobre la frente en un flequillo juguetón. Esa mirada tuya, clara y transparente me encandiló.
Se me cayó algo al suelo, y al levantar la mirada, tus ojos y los míos se encontraron. Tu aliento rozó mi aliento y tus manos me ayudaron a incorporarme del todo, suave pero con firmeza.
No pude apartar la mirada ni un instante. Me quedé clavada, sin saber qué hacer. En ese mismo momento supe que me enamoré de tí.
Idas y venidas a la papelería, para comprar cualquier cosa: una goma de borrar, un sacapuntas, unos folios para mi archivador, una regla para clase de Tecnología, un libro para un regalo... Todo valía, si era para verte.
Tu sonrisa de dependiente amable, tu atención hacia una niña enamorada (sin que tú lo supieras) que te miraba de reojo y que se apuraba cuando le decías un piropo, se coló en mí, tan profundamente, que sólo estabas tú en mi pensamiento, día y noche. Tú eras el protagonista de mis sueños que acababan con final feliz.
Todos los papeles con los que envolvías el material, los guardaba, como un tesoro, en un cajón, junto a mis cosas más queridas, haciéndose compañía. En ellos estaba impreso tu perfume, tus huellas... Si al darme lo que te pedía rozabas mi mano, ésta no se lavaba hasta el día siguiente, y así me quedaba con tu olor, y podía soñar que me besabas y que me acariciabas.
Cuando te enteraste que era mi cumpleaños, mi quince cumpleaños, me diste dos besos en la misma mejilla, dos besos muy educados. Me sonrojé, y aquella noche apoyé la mejilla sobre mi almohada, y ahí me quedé, apretando fuertemente, para retener esos besos, para que no escaparan.
Este amor adolescente fue creciendo. Primero, un amor discreto y silencioso, y más tarde, un secreto a voces, conocido ya por mis amigas y mi familia.
Poco a poco fuimos haciéndonos amigos. Charlaba más rato contigo, me preguntabas por mis amigas, te interesabas por mis estudios, por mis gustos, etc...
Mis amigas y yo fuimos conociendo a tu pandilla, y quedábamos de vez en cuando.

Una tarde, recién empezado el otoño, en el mes de las castañas, el mes de la siembra, nos invitaste a una fiesta, un guateque. Asistí emocionada con mi mejor traje: un pantalón vaquero de campana, una blusa celeste del color de tus ojos, y un pañuelo en la cabeza a juego.
Todos bailaban al  son de aquella música disco, y de aquellas baladas. Todos menos tú y yo, ¡Y mira que lo deseaba con todas mis fuerzas!
En mitad de la fiesta tu primo me comentó que tenías novia desde que erais pequeños, y que se había quedado embarazada. Teníais que casaros.

Mi maravilloso mundo construido a partir de una mirada, a partir de una ilusión, se hundió. Caí en el peor de los abismos.
Los bocadillos de chopped se acabaron, la música calló y las luces se apagaron.
La fiesta llegó a su fin, y yo estaba muy, muy triste. Enmudecí.
Entonces, viendo mi cara desencajada, y mis lágrimas a punto de salir disparadas, encendiste la bombilla destartalada de aquel garaje, y pusiste un último disco. Me pediste que bailara contigo aquella canción y rodeaste mi cintura con tus brazos.
Yo te abracé como si fuera la última vez. No quería soltarte. Mi cabeza reclinada sobre tus hombros, y las lágrimas resbalando por mis mejillas, mientras sonaba "No te vayas" de Sandro Giacobbe; y en silencio, sin que mi voz se escuchara, con los ojos cerrados para retener mejor ese momento, hacía la canción mía:

♫ “Te miro y te pienso lejana, presiento el adiós de tus manos, la luz que refleja tu cara, amor no te vayas….♫♫

- No te vayas... no te vayas-, querían decir mis labios.
- No te vayas, no me dejes, una canción más, una última canción.

Tuve que olvidarte, poco a poco, como cuando comencé a enamorarme, pero con menos ilusión y en menos tiempo. Ya nada podía hacer.
Y yo, emulando a la heroína Mariana Pineda, que bordaba la bandera de la libertad, pasaba mis tardes en casa, cosiendo para olvidar.
Fui sacando del cajón aquellos papeles doblados, con el nombre y la dirección de la papelería, y con ellos me fabriqué mi vestido, mi disfraz, mi escudo.

Lágrima tras lágrima, punzada tras punzada, dolor tras dolor...
Las lágrimas son los hilos con los que tejo mi traje de amor.

Han pasado muchos años ya de aquel último baile. La niña enamorada se hizo mujer. Y la moda cambia, y el traje está guardado en mi armario, en el cajón de los recuerdos."

                                                                           Málaga, 20 de enero de 2010
NOTA: EL BAILE. "NO TE VAYAS" DE SANDRO GIACOBBE
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greguería: género literario creado por Ramón Gómez de la Serna,  que consiste en una imagen en prosa y que presenta una metáfora parcial y sorprendente de algún aspecto de la realidad. Las greguerías están basadas en la comparación, la paradoja y la hipérbole.

P.D. El profesor ha comentado que el texto tiene buen ritmo, que parece una canción con una melodía sencilla y atractiva. Le gustan mucho los detalles, como cuando hablo de "una goma de borrar", de "un sacapuntas", etc., porque dice que estos detalles hacen que lo contado sea muy visible y llegue al lector, porque así se puede ver, e incluso palpar, y meterse en el espacio mágico de la ficción. En cuanto a la estructura, un notable.

25 de enero de 2010

NO LLORES POR ÉL

Aquí tenía 15 años. Escribía, despechada, la historia de mi amor hacia el muchacho que me hizo olvidar a mi primer amor, aquel de la papelería que se casó (PRIMER AMOR). Duró poco, pero para mí también fue muy intenso. Yo me enamoraba, como una chiquilla, pero me daba muy fuerte, y pensaba que el mundo se acabaría si no me correspondía.
Moreno, y con unos ojos negros y brillantes,  que atravesaban el alma, hasta hacerte daño.... totalmente distinto al primer amor.
Esto lo escribí cuando sufrí mi desengaño. La historia no duró, porque prefirió al fútbol antes que a mí.
¡sí, no es broma! Me pidió salir de pareja, y estuvimos un mes tonteando. Se acercaba a mí, y su mano rozaba la mía, pero nunca llegamos a unirlas. No lo veía, siempre tenía que ir a algún partido, o tenía que jugar, o llegaba tarde a nuestra cita porque tenía que ver un partido en la tele.
 Hasta que me harté y le dije: -O el fútbol o yo.. Y se quedó con el fútbol. ¡enfín! ¡qué le vamos a hacer!.
Supongo que aquí me empeñé en hacer una poesía, y no me salió muy bien, que digamos, pero también es un documento inédito y arrugado, encontrado entre mis papeles.

NO LLORES POR ÉL

¡Oh, no llores, no llores por él!
Guarda tus lágrimas
él te quería, tú le gustabas y todo era alegría.
Al principio no te hablaba, te quería en silencio,
le querías sin saberlo,
no te hablaba y él te amaba.
Poco a poco lo quisiste, con cariño, en silencio.
Fueron tiempos de alegría, él te hablaba, tú le hablabas, te miraba
y juntos... él sonreía.
¡y al fin de pareja!
¿duró?, ¡no, falló!
un duro golpe cayó, y tú, llorabas.
Pero tus sollozos no llegaban a él.
Te acercabas a su amor, incansante,
pero él te alejaba con su mirada indiferente.
¿tú lo amas? Sigues amándolo.
Te encuentras rara, cambiada.
¿dónde ha ido tu alegría?
Tu simpatía se ha vuelto vacía.
Y así pasa el tiempo,
no lo ves, pero sigue en tu corazón.
Y hay gente que quiere conseguir tu amor,
pero tú no puedes, está ocupado.
¡Oh, no llores, no llores por él!
Vives más o menos normal,
pero en un rincón guardas tu amor hacia él,
le dices adiós, le hablas en sueños, lo miras a escondidas.
Pero llegó el golpe, que te hizo amarlo más,
que te hizo pensar en él, y sollozar, y llorar y rabiar...
Allí estaba él, en un banco, con dos niñas, junto a una morena...
¡Oh, no llores, no llores por él!
Ella lo miraba, tú lo mirabas,
él sonreía, tu mirada te enloquece.
Luego ella se acercó, te miró de arriba abajo,
tú la miraste con malicia.
¡oh, qué dolor sentiste!
En aquel momento estabas sola,
sola allí con él, ¡y tan lejos!
Ella le dijo... tú lo escuchaste...
y llorabas, llorabas por dentro,
y rabiabas por fuera,
y tus ojos se inundaron de odio,
tu corazón irradiaba coraje,
tu rabia quería salir y no podía.
¡tú callabas, callabas!
Y todo lo hacías por él.
¡no se lo merece!
Hoy estás triste, ayer estabas triste,
mañana estarás triste, y siempre, siempre triste.
Pero no dejes de pensar en él...
y piensa, sueña...
"Elige las flores de tu jardín,
siémbralas en tu corazón,
riégalas con tus lágrimas,
y recógelas luego con amor!
¡Ámalo, ámalo a escondidas!
aunque tengas que huir su mirada...

                                     Jaén, enero 1978
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23 de enero de 2010

EL ARCO IRIS

Cuando escribí esto, y le mandaba cartas a mi amado, que estaba lejos, iban adornadas con todo tipo de dibujos, poesías, pegatinas.... ¡bueno, una era así en esos años, qué le vamos a hacer!.
Aquí está uno de ellos. No sé muy bien, pero estos dibujos estaban de moda en esos años, y yo, como era tan romántica y "pastelosa", pues siempre buscaba el que más se adecuara a cada momento.


"El amor es… un arco iris de experiencias


"El tiempo me ayuda a estar optimista, porque hace una temperatura ideal.

El sol luce, tímidamente, no quema.

De vez en cuando, corre un viento suave.

Los pájaros cantan y todo es bonito.

Este clima hace que no tenga preocupaciones, ni vea los problemas, ni nada de nada.

El amor, mi amor, lo llena todo.

Y después de la lluvia, aparece el arco-iris."

                                                            Jaén, 1983
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20 de enero de 2010

NO ME PIDAS QUE TE DEJE...



Si algún día
Por cualquier razón
Me pidieras que te dejara
Sería imposible.-

Eres para mí
Como el aire que respiro.

Me llena, me reconforta,
Y si dejo de respirarlo,
Puedo morir.

Así eres para mí,
Tan necesario como el aire.

Te seguiré hasta el fin del mundo,
Te seguiré con este amor profundo,
Sólo a ti te entregaré
El corazón, mi cariño y mi fe.
Y por nada, ni por nadie
En el mundo, te dejaré.

Yo te daré mi vida, el anhelo,
Y tú serás ese faro de luz
Que ilumine nuestro sueño,
En el cual viviremos los dos.

                              Málaga, 27 de septiembre de 1981
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17 de enero de 2010

HIJO MÍO (Carlos)

El embarazo de Carlos, mi primer hijo, fue especial porque fue el primero. Aunque todo lo que sentí con él, se renovó con los otros dos embarazos.
Lo único que lo hacía distinto, es que todo era nuevo, desconocido, y como los niños chicos, cada cosa nueva que ocurría en mi cuerpo a consecuencia del embarazo, era estudiada, admirada, e interiorizada en lo más profundo de mí.
Sigo con las cartas que le escribía a mi hijo Carlos, cuando aún no sabía si sería niño o niña.
La primera vez que le escribí, fue el 16 de enero de 1986, y aquí está en el blog. Esperar un hijo (Carlos)
Esta carta se la escribí cuando llegué del médico, de ver la ecografía y sentir su corazón por primera vez.


"Hijo mío: ayer te escuché.
Tú estabas tranquilo, reposando en mi bolsa amniótica, y un aparato enturbió tu sueño.
Atenta estaba yo, porque era la primera señal directa que tenía de tí, hijo mío, y fue como oir el aleteo de las mariposas.
Tu corazón latía a un ritmo tan encantador, que no sabía si eras tú o era música celestial.
Ahora te he sentido más mío, más cerca, y ahora te quiero más, y aún no te conozco.
¡Cuánto no te querré cuando te tenga en mis brazos, cuando bese tus ojos...! ¡Cuánto no te querré cuando oiga tu llanto, cuando oiga tus primeros balbuceos, con esa voz de bebé amado!
Y te quiero, porque eres aún tan pequeño, tan pequeño, que no coges en mi mano, y sin embargo, significas tanto para mí que necesito otro corazón más.
Y quiero que sientas mi amor y sigas creciendo dentro de mí, cogiendo todo lo que necesites... porque eres parte de mí."

Jaén, 24 de enero de 1986
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16 de enero de 2010

LA PRIMERA FLOR


Aún recuerdo la primera vez que tú me diste una flor:

mis manos, nerviosas, temblorosas,
la acariciaban, la olían, la admiraban.
La rosa quizá algo marchita,
pero ¡llena de tanto amor!,
estaba más bella aún.
Su olor inundaba nuestro momento,
y nos mecía en una somnolencia romántica.
Aquella rosa, roja, como tiene que ser,
estaba llena de todo lo bueno de nosotros dos,
del amor.
Muchas tardes después, seguía recibiendo tus rosas.
Rosas que  te herían.
Rosas que en tus manos florecían.
Pero aquella primera flor,
se quedó prendida en mi corazón.
Cuando se marchitó del todo,
le arranqué dos pétalos,
y me quedé con ellos,
para que su recuerdo se mantuviera siempre,
y me trasladara a ese bello momento.

Jaén, 1980
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13 de enero de 2010

DETENER EL TIEMPO

agosto, 2007. En casa. Una noche

"Es la 1 y 20 minutos de la madrugada. Ya es día 15 de agosto.
¡Si pudiera detener el tiempo,  en este instante,  ni uno más, ni uno menos!.
Que todo quedara como está. Sería lo ideal.
Laura, a punto de cumplir 19 años, tan guapa, con sus "sueños de cantar" -cada vez más convencida-  de cara al público; preparando las canciones para el próximo concierto familiar, y cantándole, por lo bajito, a ese amor que le robó el corazón hace unos años, y que aún la hace dudar.
Manuel, que "juega" y "sueña" a ser futbolista, y arranca a correr tras el balón, y a dominarlo, a hacerse con él. Y en sus ratos libres, también le arranca unos acordes a esa guitarra, que poquito a poco se está acercando a él. Sin llamar a la puerta, se está metiendo en su vida.
Los dos, en la cama, a estas horas, con la luz de una bombilla y el sonido de un ventilador, leyendo un libro.
Laura, cómo no, "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus"; Manuel, uno de aventuras, juvenil, de Carlos Ruiz Zafón. Le ha costado arrancarse a leer, pero feliz de que disfrute con este escritor. 
Manolo, el PADRE en mayúsculas, después de dar unos cuantos viajes con el coche, atender a sus padres, y observar con mimo a su hijo y a su hija, descansa, sorprendentemente, con otro libro en las manos, que prometió a Manuel que leería. ¡Otra cosa es que termine de hacerlo!
No me olvido de Carlos, el mayor, con 21 años, la mayoría de edad, estudiando fuera. En su casa de alquiler, compartiendo piso con su novia. Sé que ahora, allí, es feliz. Esta casa, su casa, ahora se le viene pequeña. Después de unos años fuera, se siente extraño. Se siente encerrado. Necesita volar y encontrar su espacio. Ahora me arrepiento, a veces, de no haber luchado por una casa más grande, con más habitaciones. ¡las casas deberían ser como de chicle y que se pudieran estirar!
Y yo, con este dolor de cabeza que me asusta. Me he tomado algo para aliviarlo. No lo consigo. Quiero descansar. 
Cierro los ojos, los libros se van cerrando, las luces apagándose, y el roce de las sábanas en mi cuerpo es el único ruido; un suave ronquido en la habitación de mis hijos anuncia que han caído en el sueño.
El sueño de ella, de él. Sus sueños."

11 de la mañana, del mismo día

"El silencio de la noche, la calma nocturna...
Todo queda atrás. Han pasado diez horas escasas, y todo ha cambiado.
La luz de día despierta los pensamientos, la realidad cae de golpe.
Una llamada de teléfono me ha dejado cavilando. No quiero que la realidad del día caiga así.
Quiero volver a la placidez de la noche, donde los sueños se realizan. 
¡Si hubiera podido detener ese instante!
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11 de enero de 2010

MADRUGADA DE PROCESIONES EN JAÉN

Desde el balcón de la casa de mi abuela Cristobalina, en Jaén, en la calle Maestra, se veían pasar las procesiones de la Semana Santa.
Allí estaba yo, una noche, cuidando de mis primas Mª del Mar y Lourdes.
Y Mientras se escuchaban los tambores y trompetas, y la marcha de Nuestro Padre Jesús "El Abuelo", y veía dormir plácidamente a mis primas, me entretuve en esto:


"Son las 6´45 de la mañana. A lo lejos de la calle se oye el sonar de los tambores y trompetas. El aire huele a Semana Santa, a noche de Dios. La música se escucha lejana, el sonido es típico de la Semana Santa. Estoy en el comedor. Por la calle se oye gente que pasa, habla, corre, grita. El comedor está solo, con la simple compañía de mi prima Mª del Mar, que poco a poco se está durmiendo.
Junto a esta habitación hay otra un poco más pequeña. Allí está, en una cama, una niña pequeña.
Es mi prima Lourdes. Su cara es redondita, graciosa, es rubia, y sus ojos son azules, claritos como el cielo. Preciosos.
Ella no para de llorar; su llanto se eleva perenne en el tiempo. Su carita está roja, y sus ojos aparecen hinchados.
Ya se calma, pero de vez en cuando, y sin querer, se le escapan pequeños suspiros que suben hasta el techo y llegan suplicantes a mí.
Me asomo a verla, y contemplo su carita sonrosada. La mezo, la calmo, le digo lindas palabras. Vuelve a cerrar los ojos.
De nuevo llora..., calla..., silencio...
Los pájaros se escuchan ya en la Plaza Santa María y un gallo acaba de dar su grito, para que todo el mundo lo escuche. Este grito significa que el día ya está comenzando a asomar, aunque para muchos, este día aún no ha acabado.
- ¡pshhhh, Silencio! -. Parece que la calma ha llegado de nuevo, y ahora Lourdes descansa tranquilamente en su sueño.
Escucho con atención, de una habitación a otra. Mª del Mar se ha dormido y sobre su mano, apoya la cabeza, descansando las ideas de la vida. Su cabellos rubios caen sobre ella.
Los tambores se siguen oyendo, ahora más despacio, y el gallo... ¡ah! ¡Ha tenido respuesta!, otro de más allá se está comunicando con él.
¡oh! Algo ha perturbado el sueño de Lourdes. De nuevo se escucha su llanto en la tranquilidad de la noche...".
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9 de enero de 2010

FUE UN SUEÑO

En cualquier momento, en una hoja cualquiera, con tachones, con dibujos, daba igual...
Lo que se trataba era de expresar lo que me quemaba por dentro. Y a quién mejor y más fiel que a una hoja en blanco?

"Fue un día triste,
triste y lloroso.
Fue un día hermoso
para algunas personas.
Fue un gran día,
último de un triste año,
el primero de un nuevo año.
Todos eran felices, cantaban,
reían y jugaban.
Todos eran felices
menos dos personas:
tú y yo.
Dos personas que poco importan,
en este mundo tan lleno de gente.
Dos personas que se querían,
que se entendían.
Lo nuestro fue bonito,
pero no duró.
Lo nuestro fue algo creado por tí,
y alimentado por mí;
un sueño hecho a base de amor e ilusión.
Un sueño hecho de paciencia la tuya,
e imaginación la mía.
Pero no bastaba con esos ingredientes,
se necesitaba un poco más.
Quizá fue la distancia, que tanto daño hace,
quizá fue la vida que nos tocó vivir,
que tanto daño hizo...
quizá fue el destino,
que nos puso y nos quitó para que encontráramos
a la otra persona.
Lo nuestro terminó,
como termina una bella historia.
Algo sucedió, que nunca supe comprender,
que rompió por la mitad nuestro amor.
Ahora lloras mi ausencia,
pero no supiste comprenderme,
no quisiste entrar en mi mundo,
y ahora te arrepientes.
Yo te abrí las puertas de mi mundo,
te ofrecí  lo único que tenía;
pero no pudiste adaptarte a él,
la edad, la inexperiencia, quién sabe...
El amor no podía renacer,
sin una palabra de ánimo,
sin una frase de aliento.
Se dijeron cosas muy feas,
y se construyó un muro insalvable.
Sólo quiero que sepas,
que fui feliz contigo,
y que ahora yo,
aquí también sufro.
Fue un sueño,
un bonito sueño.
Un sueño que se esfumó,
por un maldito error."
Málaga, enero de 1981
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7 de enero de 2010

EJERCICIO EN CLASE_Materiales

Cuando tenía 12 años, y estaba en Granada, en 6º de E.G.B., en clase de lengua teníamos que hacer redacciones. A mí me gustaban mucho, y siempre estaba deseando llegar al final de la lección, que era donde venían esos ejercicios.
He encontrado dos o tres, y aquí comienzo con uno de ellos.
No os riáis mucho ni seáis muy críticos, porque yo me parto de risa cada vez que los leo. Faltas de ortografía no tengo,  pero la forma de escribir deja mucho que desear, sobre todo, el final, está un poco enrevesado. ¡jajajajaja! Pero lo transcribo tal como está. No deja de ser curiso y simpático.

Viernes, 5-Noviembre-1974

1.- Redacción: Busca trozos de materiales...
"En los días fríos de invierno, no apetece salir a la calle. Estando en casa te sientes recogida, y arrimada al calor del brasero pasas un buen día.
Pero hay momentos en los cuales nos aburrimos y no sabemos qué hacer.
Fue entonces cuando entró mi hermana, y acercándose a mí, me tapó los ojos y me dijo:
- ¿a que no eres capaz de saber lo que tocas y definir lo que sientes?
Yo le aseguré que lo intentaría y puse manos a la obra. Metí la mano en el envoltorio que traía, y tropecé con algo blando.
De momento supe que era el algodón, ya que era suave y mullido. Al pasar los dedos, me acordé de aquella vez que me hablaron de mi tierra, de los campos de Extremadura, repletos de matas de algodón.
Me sobrevinieron a la mente numerosos recuerdos e imaginaciones. Creí estar en una gran montaña, corriendo porque detrás de mí iba una gran bola de nieve. De pronto me entró un escalofrío en mi cuerpo, sentí algo de miedo, y dejé esto.
Después estuve tanteando con la mano, y hallé un trozo de tela. La sostuve un rato en mis manos, notando que era suave y delicada.
De pronto reaccioné: ¡ya lo sé! Es la seda.
Seguí tocándola, y mi mente sse transportó al mundo de la fantasía, donde las bellas doncellas iban con largos vestidos y paseaban alegres por el jardín.
Igualmente sentí la sensación de estar volando, de ser una paloma que alza sus blancas alas para echarse al vuelo.
Me acordé entonces del día que bautizaron a mi hermana, iba tan dulce, tan tierna, que parecía ser de seda.
Ahora he tropezado con algo duro, lo he podido partir por la mitad, y creo estar tocando el corcho.
Me parece estar en un bosque, donde hay gran cantidad de troncos, sin hojas. Los troncos están secos, y se ven con grietas.
El corcho me da sensación de equilibrio, me imagino estar flotando en un trozo de madera en medio del inmenso mar.
Al continuar tocando el corcho, me transporto a ocho años atrás, cuando jugaba en un riachuelo, metiendo pequeños trozos de corcho, y viendo cómo se mantenían firmes y sin hundirse.
Algo descubrí en el interior del envoltorio; me llamó la atención y me sorprendió tocar una tela tupida. Dudé varias veces antes de contestar, y aún, un poco entrecortada dije: ¡ter-ciopelo!
Instantes después creí estar en un gran salón, con espejos por todas partes, majestuosas lámparas que colgaban de los altos techos, y un suelo de mármol, frío pero majestuoso.
Había muchas personas que hablaban animadamente, y que bailaban, moviendo de un lado a otro sus largos y vaporosos vestidos, mientras se escuchaba una dulce música.
Me trae recuerdos de mi niñez, cuando tocaba los pétalos de las rosas, y descubría su suavidad en la del terciopelo.
Sentí igual que cuando toco la hierba húmeda, después de una suave llovizna y mientras los rayos del sol calientan el verde césped.
Después de esto, mi hermana me acercó un cuaderno, lo abrió, y me puso las manos sobre él. Enseguida noté que las hojas estaban escritas, pues se sentía con unos pequeños salientes. De momento, creí estar en un coche, pasando por unos caminos con bastantes baches...
Sentí entonces un fulgor en mis ojos. Mi hermana acababa de destaparme los ojos, y ví que encima de la mesa había un trozo de tela de terciopelo, seda, algodón un corcho partido por la mitad y un cuaderno entreabierto.
Sin notarlo casi, se nos pasó el tiempo y fue entonces cuando oimos la voz de nuestra madre que nos llamaba.
Salimos y en aquel cuarto quedaron unos trozos de distintos materiales, que a la vista no significan nada, pero que en su interior quedan una clase de recuerdos e imaginaciones que te hacen sentir algo tuyo."
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6 de enero de 2010

LOS REYES MAGOS.

"...Qué cansado es esto de ser Rey Mago...

Y todos los años igual: las bicis, los coches, las Nintendo, o la Wii..., o Hanna Montana.

El pijama sin quitar y son las 12.

Caramelos, globos, serpentinas; paquetes y lazos de colores, y después, muchos papeles ...

Pero luego, qué bonito es ver las caras de felicidad de pequeños y mayores, cuando sobre sus zapatos, recién limpiados,  han caído, como del cielo, o no se sabe de dónde, libros, muñecas, pijamas, juegos, caramelos y alguna que otra Wii (¡qué le vamos a hacer, no se puede ir contracorriente, y los tiempos cambian!).

Cada año se renueva la ilusión y la tradición: se vuelve a preparar la mesa con los conguitos, caramelos para los camellos y agua -que no se olvide, que vienen de muy lejos, y hay que reponer fuerzas-, ¡ah, y algún licorcito! (una noche, es una noche, y ésta viene con frío).

¡Qué bonito es ser parte de esa ilusión: niñas y niños que abren los ojos de par en par, sin saber muy bien a dónde mirar primero, abriendo paquetes compulsivamente...

Y alguien, en un sillón, sonriendo por la escena, recuerda que hay otros sitios donde no hay nada. Por por no haber, ni agua para los camellos. Ellos también se mueren de sed.

Por eso, porque nos ha tocado vivir en este mundo, donde, aunque escaso, y con dificultades, siempre se puede tener para un regalito, hay que disfrutarlo; y por eso, hay que celebrarlo como si fuera la última vez, con una gran sonrisa y complicidad. Por nosotros, por ellos...

Así es que, Usted perdone, pero yo me voy pronto a la cama, que mañana me espera un día duro. Y tengo curiosidad por saber si se han acordado de mí. Tan mal no me he portado, ¿verdad?.

Felices sueños. Felices Reyes."
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4 de enero de 2010

UNA TARDE PERFECTA

Una tarde cualquiera, del mes de abril, cuando las flores ofrecen sus mejores colores, sus mejores olores, y la luz de la tarde es limpia.
Una tarde tranquila, sin sobresaltos, sentada en un balcón, en la calle Maestra, de Jaén, sentada disfrutando de la tranquilidad,...
Jaén, 26-4-1984                19:15 h..
"La tranquilidad de la tarde llega a apaciguar mi alma.
Sobre el tejado de enfrente, un gato negro y blanco se pasea, lento, pausadamente, buscando entre las tejas algo para comer. Su paso es armonioso; de pronto se detiene, el rabo enrollado entre sus patas traseras, y me mira, al acecho de cualquier movimiento mío.
Frente a mí, está la catedral, majestuosa, iluminada y quieta, donde ha estado años y años. ¡Cuántos ojos la habrán mirado como la miro yo!, ¡Cuántos la habrán echado de menos como yo lo haré cuando no la vea más, al levantarme por las mañanas, casi oscura, tapada por esa niebla matinal, o plena de sol del mediodía, o iluminada entre las estrellas, la última mirada antes de adentrarme en el sueño.
Junto a mí suena la música romántica de Claudio Baglioni, como de fondo a esta tarde encantadora.
Las flores están naciendo; las margaritas de botón azul, se mueven con el viento, ¿Me quiere, no me quiere?, -parecen decir, burlonas, incitándome-.
Estos geranios de "lujo", como yo los llamo, se acercan a mí, con sus pétalos variopintos, rosas, morados; cambiando su tonalidad, haciendo que sean únicos entre su especie, haciendo que los admire.
Y frente a mí, majestuosa, orgullosa, esa rosa roja que tanto amo, ese capullo que apenas se ha abierto, y que ya exhala ese perfume que llega a enloquecerme, hasta que no aguanto más y me acerco, y con sus espinas me daño.
Es como la vida: cruel y hermosa a la vez. El camino es difícil, penoso, con sinsabores, -como las espinas-, y al final está la recompensa, hermosa, adorable, incitadora, como la rosa, que parece de terciopelo, suave y cálida, como la vida.
Los grajos de la catedral y las mariposas que revolotean alrededor de mis macetas, alegran esta tarde primaveral, y las campanas, con ritmo poético, van marcando las horas, y anuncian que la tarde está llegando a su fin.
El gato ha vuelto a aparecer. No puedo pensar en nada, porque todos mis sentidos están puestos a disposición de la tarde, de las flores, del silencio, y mi alma goza, y está tranquila.
No es una tarde vacía, es una tarde llena, llena de todo lo bello, una tarde que siempre recordaré, y que sé que no se va a repetir nunca más.
Y la música sigue sonando... "...Yo sin tí moriré, yo sin tí moriré..... solo lejos de tí....lentamente el sábado se va"
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3 de enero de 2010

ESPERAR UN HIJO (Carlos)

Hoy comienzo una serie de escritos sobre mis hijos: lo que sentía cuando supe que estaba embarazada, cuando notaba que se movían dentro de mí, cuando los veía dormir plácidamente en su cama...
Y como es natural, empiezo con Carlos, de esto hace ya 24 años...



ESPERAR UN HIJO:
"Esperar un hijo supone una dimensión tan infinitamente enorme, que es imposible definir sin quedarse con algo en el tintero.
Sólo un momento de unión entre dos seres, basta para que se inicie el mayor milagro de la humanidad.
Una simple célula dará lugar a una persona, con sus sentimientos, sus caracteres definidos y un sitio en este mundo.
Estamos en la época del futuro, máquinas, ordenadores, adelantos de toda índole; y esto, sigue siendo tan natural como desde el principio, hace años, muchos años...
¿Qué siente una mujer cuando sabe que va a ser madre, que va a dar lugar que en ella se forme ese milagro?
Cualquier sentimiento de paz, alegría, orgullo, amor, adoración, etc., quedan niminizados por éste que durará nueve meses.
Saber que mi sangre va a alimentar este cuerpo; saber que mi viente será su morada durante su formación; saber que cogerá parte de mí para sobrevivir, es... algo fabuloso.
Y saber que él es el fruto de mi amor, de mi amor por un hombre, al que hace años no conocía, y que ahora es el co-creador de este bebé. Nunca hasta ahora podré sentirme tan unida a él, porque el bebé es la unión última, la más perfecta.
Él será parte suya y parte mía, y nada podrá cambiar eso.
Sus besos serán para él y para mí, como nuestros propios besos.
Esperar un hijo, por todo esto, es maravilloso.
Tocar mi vientre y saber que está ahí, calentico, envuelto en una dulzura que le preserva de todo mal.
Es lo que siento cuando aún no pasa nada, y aún no se nota, pero sé que está ahí, y eso me llena de infinito amor."
Jaén, 16 de enero de 1986
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