28 de enero de 2010

EL ÚLTIMO BAILE

Primer ejercicio de un curso de escritura que estoy realizando on-line.
Me cuesta mucho trabajo enfrentarme a un folio en blanco, y crear una historia, con la estructura de un buen relato: planteamiento, nudo y desenlace.
Es difícil para mí hilvanar bien todos los detalles, conseguir un título original, que resuma todo lo que se quiere decir, y desarrollar una historia que enganche al lector.
El primer ejercicio es "Las palabras como germen de la escritura". A raíz de una greguería, había que escribir una historia.
La inspiración no llega cuando se le busca. La mía anda perdida entre cazuelas, tardes de teatro con los niños, papeles, quehaceres de la vida diaria, etc... etc...
A ver si con estos ejercicios me reencuentro con ella y volvemos a trabajar juntas.
Para esta ocasión -ya que me resultaba más fácil- mi historia está basada en "hechos reales", como los grandes bestseller.
¡Y qué mejor que transformar los sentimientos en palabras!

EL ÚLTIMO BAILE

"Catorce años tenía cuando te conocí.
Me acerqué a la papelería que nos recomendaron en el Instituto para comprar los libros de 1º de Bachillerato. Estaba abarrotada de chavales y mayores, esperando su turno para comprar el material.
Allí estabas tú, en la puerta, atento a cualquier movimiento sospechoso, por órdenes de tus jefes. Allí estabas tú, con esos grandes ojos azules, el cabello rubio y sedoso, que caía sobre la frente en un flequillo juguetón. Esa mirada tuya, clara y transparente me encandiló.
Se me cayó algo al suelo, y al levantar la mirada, tus ojos y los míos se encontraron. Tu aliento rozó mi aliento y tus manos me ayudaron a incorporarme del todo, suave pero con firmeza.
No pude apartar la mirada ni un instante. Me quedé clavada, sin saber qué hacer. En ese mismo momento supe que me enamoré de tí.
Idas y venidas a la papelería, para comprar cualquier cosa: una goma de borrar, un sacapuntas, unos folios para mi archivador, una regla para clase de Tecnología, un libro para un regalo... Todo valía, si era para verte.
Tu sonrisa de dependiente amable, tu atención hacia una niña enamorada (sin que tú lo supieras) que te miraba de reojo y que se apuraba cuando le decías un piropo, se coló en mí, tan profundamente, que sólo estabas tú en mi pensamiento, día y noche. Tú eras el protagonista de mis sueños que acababan con final feliz.
Todos los papeles con los que envolvías el material, los guardaba, como un tesoro, en un cajón, junto a mis cosas más queridas, haciéndose compañía. En ellos estaba impreso tu perfume, tus huellas... Si al darme lo que te pedía rozabas mi mano, ésta no se lavaba hasta el día siguiente, y así me quedaba con tu olor, y podía soñar que me besabas y que me acariciabas.
Cuando te enteraste que era mi cumpleaños, mi quince cumpleaños, me diste dos besos en la misma mejilla, dos besos muy educados. Me sonrojé, y aquella noche apoyé la mejilla sobre mi almohada, y ahí me quedé, apretando fuertemente, para retener esos besos, para que no escaparan.
Este amor adolescente fue creciendo. Primero, un amor discreto y silencioso, y más tarde, un secreto a voces, conocido ya por mis amigas y mi familia.
Poco a poco fuimos haciéndonos amigos. Charlaba más rato contigo, me preguntabas por mis amigas, te interesabas por mis estudios, por mis gustos, etc...
Mis amigas y yo fuimos conociendo a tu pandilla, y quedábamos de vez en cuando.

Una tarde, recién empezado el otoño, en el mes de las castañas, el mes de la siembra, nos invitaste a una fiesta, un guateque. Asistí emocionada con mi mejor traje: un pantalón vaquero de campana, una blusa celeste del color de tus ojos, y un pañuelo en la cabeza a juego.
Todos bailaban al  son de aquella música disco, y de aquellas baladas. Todos menos tú y yo, ¡Y mira que lo deseaba con todas mis fuerzas!
En mitad de la fiesta tu primo me comentó que tenías novia desde que erais pequeños, y que se había quedado embarazada. Teníais que casaros.

Mi maravilloso mundo construido a partir de una mirada, a partir de una ilusión, se hundió. Caí en el peor de los abismos.
Los bocadillos de chopped se acabaron, la música calló y las luces se apagaron.
La fiesta llegó a su fin, y yo estaba muy, muy triste. Enmudecí.
Entonces, viendo mi cara desencajada, y mis lágrimas a punto de salir disparadas, encendiste la bombilla destartalada de aquel garaje, y pusiste un último disco. Me pediste que bailara contigo aquella canción y rodeaste mi cintura con tus brazos.
Yo te abracé como si fuera la última vez. No quería soltarte. Mi cabeza reclinada sobre tus hombros, y las lágrimas resbalando por mis mejillas, mientras sonaba "No te vayas" de Sandro Giacobbe; y en silencio, sin que mi voz se escuchara, con los ojos cerrados para retener mejor ese momento, hacía la canción mía:

♫ “Te miro y te pienso lejana, presiento el adiós de tus manos, la luz que refleja tu cara, amor no te vayas….♫♫

- No te vayas... no te vayas-, querían decir mis labios.
- No te vayas, no me dejes, una canción más, una última canción.

Tuve que olvidarte, poco a poco, como cuando comencé a enamorarme, pero con menos ilusión y en menos tiempo. Ya nada podía hacer.
Y yo, emulando a la heroína Mariana Pineda, que bordaba la bandera de la libertad, pasaba mis tardes en casa, cosiendo para olvidar.
Fui sacando del cajón aquellos papeles doblados, con el nombre y la dirección de la papelería, y con ellos me fabriqué mi vestido, mi disfraz, mi escudo.

Lágrima tras lágrima, punzada tras punzada, dolor tras dolor...
Las lágrimas son los hilos con los que tejo mi traje de amor.

Han pasado muchos años ya de aquel último baile. La niña enamorada se hizo mujer. Y la moda cambia, y el traje está guardado en mi armario, en el cajón de los recuerdos."

                                                                           Málaga, 20 de enero de 2010
NOTA: EL BAILE. "NO TE VAYAS" DE SANDRO GIACOBBE
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greguería: género literario creado por Ramón Gómez de la Serna,  que consiste en una imagen en prosa y que presenta una metáfora parcial y sorprendente de algún aspecto de la realidad. Las greguerías están basadas en la comparación, la paradoja y la hipérbole.

P.D. El profesor ha comentado que el texto tiene buen ritmo, que parece una canción con una melodía sencilla y atractiva. Le gustan mucho los detalles, como cuando hablo de "una goma de borrar", de "un sacapuntas", etc., porque dice que estos detalles hacen que lo contado sea muy visible y llegue al lector, porque así se puede ver, e incluso palpar, y meterse en el espacio mágico de la ficción. En cuanto a la estructura, un notable.

7 comentarios:

Jorge dijo...

No sé de estilos literarios pero leer tus escritos siempre es grato. Coincido con tu profesor en cuanto a que tu forma discursiva y el valor que das a los detalles, patentizan lo protagónico del relato.

MACARENA dijo...

Mª Ángeles, gracias por tu comentario en marcarmi.wordpress.com

No se el modo de seguir el blogs, si en blogspot, te dejo su enlace, su temática es la fe y la amistad, espero sea de tu agrado.

http://unavezvivi.blogspot.com



Te felicito por tu espacio, es ameno, hermoso. Te seguiré.

Cariños, Maricarmen

MARY dijo...

Un buen Relato, MªAngeles, Me ha gustado.Un saludo. Maria jose

ADELFA MARTIN dijo...

Ha sido un "verdaderìsimo" gusto visitarte...cuantos recuerdos me traen esas portadas, imàgenes y palabras...

Subo tu pàgina a mi lista de blogs para estar pendiente de tus entradas...

cordiales saludos

Alsurdelsur dijo...

Mª Angeles, como siempre que te leo me quedo con ganas más.

Besitosssss

Lolah dijo...

Cómo me has recordado a mi primer amor!
Un relato precioso.
Un besico.

Cocina con Reina dijo...

Vaya esta faceta tuya no la conocía,te felicito,se hace amena la lectura de este "relato corto", un recuerdo muy bonito y agradable...besos