13 de noviembre de 2019

CUÉNTAME MAMÁ

Cuéntame otra vez, mamá, cuéntame cuando yo nací.
¿De qué color eran las flores que brotaban en tu balcón, y que prendías enlos rizos de tus cabellos?
Cuéntame otra vez, mamá, la primera vez que me cogiste entre tus brazos, lo que sentiste.
Y cuando me acunabas y me cantabas:
🎵🎵arrorró mi niña, arrorró mi sol... arrorró pedaaaazo, de mi corazón!🎵🎵
¿Es verdad que me calmaba?
Es el mejor lugar del mundo, sin duda. Donde más segura me encontraba.
Cuéntame cómo tenía el cabello cuando yo nací, mamá. Siempre me ha gustado que me dijeras que lo tenía acaracolado, y rojizo, como las mazorcas. Y que mi cara era redondita y muy bonita.
Y que cuando lloraba y lloraba por mi enfermedad, tú me apretabas con todo tu amor y sabías Que contigo no me pasaría nada. Como así fue, y así me recordaste durante muchos años, gracias a tu tesón, a tu fuerza, hoy puedo mirarte a los ojos y cogerte de las manos.
¿Qué estrellas brillaban cuando yo nací?
Cuéntame, mamá, Cuéntame otra vez.

11 de febrero de 2019

UN AMOR DE PELÍCULA

Demasiado pronto para contar historias, aunque la vida siempre es historia, sea mañana o bien entrada la noche; llueva o luzca el sol.

Allá por el mes de agosto de hace poco más de un año, sucedió tal cual os cuento.

Esa mañana, bien temprano, bajamos Duque y yo a la calle, y ya se avecina un día de calor  agobiante, por lo que se agradece la hora del paseo.

Este caniche blanco y ensortijado, me mira sorprendido; creo que se ha percatado del madrugón, aunque no parece importarle demasiado por cómo mueve el rabo.

La luna, la misma luna de la otra noche, está a mi derecha, sobre el bloque de viviendas en el que viví hace años y donde conocí al que más tarde sería mi marido.

Y me asaltan los recuerdos de aquella trágica noche del 23 de agosto de hace ya...

Esta misma luna podía haberla salvado, o ¿quizá fue ella quien se la llevó?

No sé qué luna brillaba, pero sí que marchó con las estrellas, y dejó un gran vacío en nuestras vidas y una pena muy grande.

Aparto este pensamiento y miro a la luna: esta noche ni me sonríe ni se burla de mí. Hoy duerme.

No me gusta saber más allá de la curiosidad sana, pero una pareja que camina lentamente, llama mi atención. Yo pensaba que a estas  horas toda la gente dormiría.

Caminan con dificultad. Ella, más bajita que él, casi arrastra los pies. Él, con pantalón corto, sin camisa y con chanclas, le habla. Ella responde, y en el silencio de esa madrugada, se escucha con nitidez que tampoco habla con claridad.

No me gusta saber de la vida de las demás personas, no me interesa salvo que precisen de mí; pero esta pareja sí lo hace durante minutos. Me pregunto qué harán que no duermen. ¿Pasarán calor? Van muy juntos el uno a la otra; él rodea su cuerpo por los hombros y se le intuye un brazo fuerte, que la sujeta y casi le ayuda a desplazarse.

Entran en el bloque de viviendas y desaparecen, mientras se les ve andar, como desde el principio, torpemente.

Desaparecen de mi vista y me sorprendo a mí misma observándoles, preguntándome si volvían de la feria con unas cuantas copas de más, o un accidente o enfermedad minaba el cuerpo y el habla de ella.

Sea lo que fuera, ese brazo moreno que rodea su cuerpo, esas palabras que él le dirige, con calma, con respeto y paciencia, con cariño; esa unión de dos personas que pasean al despuntar el día, me emociona. Me emociona, que a pesar de la fragilidad de ella, de un momento quizá malo en su vidsa, él esté a su lado.

Duque tira de la correa y nos vamos.

Los recuerdos pasados se mezclan con el presente, y una canción suena en mi cabeza. La dejo ahí que suene sola, porque si tarareo mientras la escucho, como suelo hacer cuando un tema llega a mí sin buscarlo, sé que lloraré.

Ⱊ"Dónde estás corazón, no oigo tu palpitar  es tan grande el dolor, que no puedo llorar, yo quisiera llorar y no tengo más llanto, la quería yo tanto y se fue, para nunca volver"Ⱊ.

Aparto pensamientos que duelan, y mientras vuelvo a casa, me recreo en esa imagen, en esa pareja, en ese abrazo, en ese tono de voz con que le habla....

Me quedo con la mañana que me regala una escena de un amor de película.

12 de enero de 2019

POR TI

No temas, que yo estaré a tu lado.

Seré tus ojos si los tuyos se empañan.

Seré tus labios si los tuyos se atascan.

Seré tus manos si las tuyas tiemblan.

Si algo te perturba, confía en mí, que estaré vigilándote y cuidándote. 

Si tropiezas, agárrate de mi mano, que mantendré firme y te llevará a donde quieras ir. 

Te regalo de mi vida lo que quieras: mis éxitos que sean tus recuerdos. 

Y con los tuyos, haré un collar de muchos colores, que rodeará mi cuello y luciré para que tú me veas bien guapa. 

Cuéntame lo que quieras, que estaré escuchándote, mirándote a esos ojos que buscan respuestas a tu inquietud.

Y no temas, porque yo estaré a tu lado.

5 de enero de 2019

LLUEVE, LLUVIA, AGUA..


Agua, que moja y limpia las calles y despeja el ambiente.

Agua, que arrastra las hojas de árboles caídos en noches de viento.

Agua, que riega los campos y embellece las plantas, que, agradecidas, exhiben sus flores de hermosos colores.

Agua, que cuando le cortan el camino, se enfada y revuelve; y arrastra y arrasa y enfurecida, nada ni nadie la detiene.

Agua, que cruza caminos y avanza veredas, que fluye en riachuelos y ríos, y llega a los mares, lagos y océanos, victoriosa y orgullosa.

Agua, que se vuelve granizo y escarcha cuando el frío aprieta.

Agua, que vive en las nubes en forma de gotas, que caen por tus mejillas y recorren tu pecho y se funden en tu cuerpo.

Lluvia, que moja tus pies, que confunde la noche, recorre tu cabello y moja y acaricia tu espalda....

Llueve, llueve, que es vida.

2 de enero de 2019

A DONDE LA VIDA ME LLEVE





Nunca sabré hacia dónde me lleva la vida. Nadie nunca sabe hacia dónde.

Me dejo llevar por el viento, por la brisa y recorro los infinitos misterios que la vida me ofrece. 

Camino a veces, sobre tierra firme donde me siento segura, donde reconozco lugares y aromas y colores; y otras, sobre arenas movedizas, con el miedo y la incertidumbre de lo desconocido y complicado, y la impotencia de si salir bien de ellas es parte de mi destino.

Camino descalza sobre arena fina. Aligero, decidida, erguida, y sintiendo la brisa y el sol cómo me siguen y me empujan; me acompañan.

La arena recoge mis huellas. Pero sólo hasta que el agua, cuya vida no cesa, se la lleve. ¿Hacia dónde? ¡Quién sabe!. Para ella.


Y otras, mis pies encuentran piedras, pedruscos, y duele avanzar, duele... Te quejas, te doblas, aminoras la marcha...

Pero sigues. Sigues hacia delante porque el camino hay que hacerlo. Quieras o no. ¿Hacia dónde? ¿Quién lo sabe?

Hasta que la última huella, de la última playa se marche, tragada por el agua del mar o deshecha por el paso del tiempo.

1 de agosto de 2018

MOMENTOS EN LA ESTACIÓN

Cada momento de la vida, se puede convertir en una aventura.
Llegando de Málaga a la estación de Atocha,  me siento en un banco a comerme un bocadillo, mientras espero la llegada del tren que me llevará a mi destino, Tarragona.
Frente a mí, hay mucha gente de pie junto a sus maletas, mochilas, bebés en brazos y bolsas. Toda esa gente está mirando hacia lo alto, hacia unas grandes pantallas luminosas. Me quedo observando.
¿Qué miran, una película? ¿O quizá están consultando una publicidad, o una noticia sorprendente?
Sigo comiendo el bocadillo, y mi maleta se llena de pizcos de pan. Bebida en mano, el bolso colgado del hombro y el billete, que sostengo en mi mano y que reviso una y otra vez, vaya a ser que pierda el tren. 
La gente sigue pendiente de las pantallas, atenta sin perder detalle, y yo atenta a ella, porque sigo sin comprender, pero no pregunto, sigo dando cuenta de mi bocadillo, y pendiente de bolso, maleta y billete, una vez más.
De repente suena una voz que anuncia: "Tren con destino a..., efectuará su salida a las ...".
Ese tumulto de gente que miraba en la misma dirección, hacia el mismo sitio, arranca a andar casi al mismo tiempo y hacia el mismo lugar.
Ruido de maletas, murmullos subiendo en intensidad. Noto prisa y agitación. Y de nuevo hay vida, cuando antes solo había silencio y miradas.
Dejo la bebida a medias, enrollo el papel del bocadillo, levanto mi maleta, el bolso y mi billete. Lo agarro bien fuerte, se me vaya a extraviar , y les sigo.
No sé hacia dónde van, pero algo me dice que tengo que seguirles.
¿Habré preguntado cinco veces si vamos a Tarragona? Pues sí, es el mío, es mi tren.
Vuelvo a mirar mi billete, la pantalla y vuelvo a preguntar.
Ya montada en el tren, rumbo a Tarragona, parece que no haya pasado nada. He estado a punto de perder mi tren, mientras comía un bocadillo, teniendo la pantalla frente a mí.
Una aventura, lo dicho.

12 de julio de 2018

RESPIRAR

Antes de comenzar, quiero dejar claro que esto NO es una queja, ni un lamento.
Es quizá la necesidad de alzar la voz, porque soltando hacia fuera lo que una siente, padece, el mal se diluye y el cuerpo, la mente, se recuperan.
Siempre he sido muy comunicativa y he contado mis alegrías y mis penas a personas de mi entorno, y eso me ha hecho fuerte y no caer en los momentos más difíciles.
Y al mismo tiempo pienso, que la persona que lea esto, y esté pasando por lo mismo, quizá entienda qué ocurre, o quizá sienta que no está sola.
No pierdo la paciencia, no pierdo el ánimo, pero es cierto que sigo sin entender del todo esta enfermedad del Alzhéimer.
Si me preguntas cómo está mi madre, ¿qué te digo de hace un año a éste?. ¿Mejor? 
Si lees hace un año, me desesperaba su locuacidad, sus arranques de cólera con todos y por todo, incluso por hechos reales que solo existían en su mente, o que su mente transformaba de una manera ilógica para los demás mortales, no para ella. Le habían robado en la joyería, y estaba dispuesta a denunciar, y una tarde se vestía con una fuerza y una rabia fuera de lo normal, para ir a cantarle las cuarenta a la joyera amiga de muchos años; o le debían un dinero que nunca fue tal, a personas a quienes siempre había apreciado; o venían del más allá para hacerle daño, es más, los veía y se le notaba el pánico en su rostro.
Era tremendo porque no sabía cómo reaccionar en cada momento. Solo me quedaba mi intuición y las estrategias que daban o no resultado, aunque siempre he tenido esa capacidad de reaccionar de una forma en que la tranquilizaba, y entonces respiraba profundo y me decía: ¡hasta otra!
Ahora no. Ahora no habla casi. Calla aunque le preguntes, está más enfadada, seria.
No sufre recordando a las dos personas que más ha querido en este mundo: a su padre, su "papa" y a su hija mayor, ambos fallecidos jóvenes, pero en trágicas circunstancias, algo que la ha marcado para siempre.
Ahora, si habla de ellos, tiene la misma expresión que si le pregunto qué quiere cenar. Su rostro no expresa tan fácilmente las emociones, ni de dolor ni de alegría.
No sé si lo que hago le desespera o le alegra. No sirve de nada lo que haga o diga.
Y durante todo este tiempo traté de ser fuerte, de estar animada para sobrellevarlo todo mejor y porque, ¿quién aguanta que todos los días le hables de lo que hace y dice, o de cómo de perdida y frustrada te sientes?
Entonces callo y espero, y siento el miedo y me pregunto cuándo será el día en que me mire y no sepa quién soy.
Hace un año se despedía por las noches, y a lo mejor, tras un episodio de rabia y coraje, de esos que te sobrecogen de pronto sin saber cómo reaccionar, se volvía y me abrazaba sonriendo, o con una lágrima en sus ojos, pidiendo disculpas.
Yo la abrazaba fuerte y ella se iba a la cama sonriendo y llena de amor. 
Ahora me desea buenas noches, a veces se lo tengo que recordar, pero no siento que aprecie mi abrazo sincero o que sabe que la quiero.
En ocasiones la miro y en sus ojos veo lo perdida que está, pero no puedo entrar en ese mundo.
La veo cómo llega a una puerta y se queda un rato quieta, sin hacer nada. Quiero indicarle el camino, pero no encuentro cómo, porque además, si lo hago, ella reacciona quejándose.
Así es que bajo la mirada, pero sin perderla de vista, por si me necesita o me busca.
Y durante todo este tiempo, mucho tiempo ya, cuando echo la vista atrás, me doy cuenta que se han quedado personas por el camino, porque sus vidas continúan evolucionando, y no eres quién para romper esa evolución.
Procuro que no se me note lo mal que estoy, y dejo de llamar, evito encuentros, porque además, estos momentos duros, no vienen solos. Como dice una amiga mía,  esto no es lo malo, lo peor son los "daños colaterales".
Pido demasiado, y a veces no quiero que me pregunten cómo está mi madre, o no lo necesito. Pero sí que alguien me pregunte: ¿Y tú, cómo estás?
Mi vida, la mía, es como si hubiera sufrido un parón.
No veo futuro, no tengo metas ni ilusiones, no me las puedo permitir. Me dejo llevar. 
Pero cuando peor estoy, me paro y pienso: ¿qué habría hecho ella si la enfermedad me hubiera atacado a mí?
Sin duda la respuesta habría sido que no me habría dejado, como no lo hizo cuando estuve a punto de morir, recién nacida. Cuando a pesar de los impedimentos de sus propios familiares más allegados, luchó por conseguir el mejor médico y la mejor medicina, para sacar adelante a esa niña que no paraba de llorar día y noche, y a quien atendía en sus brazos, día y noche, sin desfallecer. Incluso cuando le dijeron que, ante una de las inyecciones que me suministraban, podía no resistirlo, y ella no quiso dejar de sostenerme, porque sabía, que en sus brazos, no moriría.
Eso es lo que me mueve a seguir, y la cuerda que aún me sostiene firme, es saber que hago lo correcto, y que en lo más profundo de ella, quizá, y aunque no lo exprese, sepa que estamos ahí, sus hijas, por quienes daría  su propia vida.
Mañana, cuando amanezca un nuevo día, leeré esto y seguramente me arrepentiré; pero ahora, en la soledad de la noche, los sentimientos van y vienen,  se aturrullan y se pisan unos a otros, y salen a borbotones sin ton ni son. Y lo que, mientras recogía la cocina se iba hilando en mi cabeza, deseando salir, ahora es otra cosa. Y cien veces que lo escriba, cien veces que lo expresaré de manera distinta, porque hay mucho que soltar.
Hace un año me iba a dormir con un pellizco en el pecho por una situación estresante; ahora me voy a la cama con la sensación de que no puedo respirar, que me falta el aire.
Sin embargo, sé que mañana, cuando amanezca, me recompondré, y encararé el día como venga.
Y me alegraré , como la otra tarde, si mientras le leo las poesías que escribió un día, casi sin cambio en su rostro, se enjuga una lágrima y me dice:
- Me vas a hacer llorar...
Y una, entonces, como si me hubiera tocado la lotería, me alegraré de esta muestra de que aún es capaz de expresar y de sentir  y entonces, respiraré.


15 de mayo de 2018

DUQUE

Este caniche toy, que atiende por el nombre de Duque, llegó como regalo para mi madre una Navidad de hace ya más de dos años.
Era una bola peluda blanca, que más parecía un peluche.
No llega a los cuatro kilos, y siempre tiene ganas de jugar, sobre todo con su pelota, que no suelta ni para dormir.
Juguetón saltarín, y un poco gruñón.
Le ladra al vecino, a los otros canes que no conoce, al carrito de la compra que arrastra cualquier  persona que pasa por su vera, a las bicicletas; y como vea a unos peques jugando con una pelota, se vuelve loco, y cualquiera lo arranca del grupo de niños o niñas que estén jugando con ella.
Siempre está mordisqueando, todo. Pero  todo, todo: bolígrafos, papeles, plásticos, limas de uñas, tapones...
¡Es un peligro!
Pero este peluche de ojos oscuros, redondos y de pelo ensortijado, me acompaña allá donde voy.
Si me ve triste, esas patas cortas, pero bien formadas, me acarician el brazo, na y otra vez, hasta que respondo a sus llamadas y me mira, mientras tuerce la cabeza de un lado a otro como si me quisiera hablar y esperara mi respuesta.
Quizá me hable, pero yo no entienda.
Al llegar del trabajo, mientras descanso apoyada la espalda en la esquina del sofá, él me busca y reclina su cabeza llena de rizos, y se deja acariciar, consiguiendo una paz necesaria para él y para mí.
Y por las noches, como la de hoy, me saca unas sonrisas.
Nos hemos inventado un juego: yo le tiro palos, y él va a buscarlos y me los trae.
Se pone nervioso, y cuando vuelve y me ve con el siguiente en la mano, el que trae siempre cae antes de tiempo, y como no me ande con cuidado, me lo quita de las manos pegando un gran salto.
¡Tengo que ser más rápida que él, mucho más! Anda que no, porque corre como si le fuera la vida en ello, y siempre regresamos a casa con la lengua fuera.
Hoy, como os dije antes, me ha sacado una de las mayores sonrisas,  la mejor, y quizá la única del día. De estos días que pasan sin pasar nada, y que son tristones.
Aún con el palo en la mano, la levanto, y antes de tomar fuerza y lanzarlo, Duque ya estaba en la otra punta, buscando como un descosío el palo que aún yo sostenía.
- Pero Duque, ¿dónde vas, si todavía no lo he lanzado?
Vuelve a mí a la velocidad de un rayo, dando saltos.
Y comienza de nuevo el juego.
Me tengo que reir y mucho.
Volvemos a casa y lo primero que hace es beber agua, y se sienta en el suelo mientras ve cómo recojo la cocina, o preparo unas magdalenas, o me aseo.
Ahora, las buenas noches, y a dormir.
Vuelve a mirarme con esos ojos oscuros y redondos, y apoya la cabeza en el suelo. Los cierra y suspira.







28 de abril de 2018

LA LLUVIA, y otras reflexiones

Si no fuera porque a veces, la lluvia causa demasiado  daño, a mí me gusta escucharla. 
Sé que hablo tras la seguridad de una cama, de un lugar donde cobijarme.  Y que disfruto de la comodidad de cerrar ventanas si la humedad me afecta.
Puedo hablar así y puedo escribir sobre ello, porque estoy a salvo.
Para mí la lluvia es la vida; la vida que hace crecer, que hace brotar, surgir, emerger. 
La lluvia  remueve y renueva. Limpia. Y tras la lluvia, la tierra huele, agradece y florece. 
La lluvia que esta noche cae, añorada después de tanto tiempo, me trae recuerdos de mi infancia. Úbeda es mi primer recuerdo. La lluvia de verano. La familia en la casa mientras los pájaros se resguardaban bajo las hojas de los árboles.  Historias contadas mientras se hacían rosetas y se cantaban canciones. 
🎵Que llueva que llueva, la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan...🎵 
Recuerdos que arrancan sonrisas y arrancan lágrimas.  Porque los recuerdos también duelen cuando, tras los años, faltan tantas personas. 
Cuán rápido pasa el tiempo y esta lluvia me hace creer que no ha pasado tanto. 
Si durante aquellas tardes de agosto, mientras reíamos y cantábamos, nos hubieran dicho todo lo que nos pasaría después,  quizá las hubiéramos disfrutado más,  nos habríamos reido más,  nos hubiéramos  abrazado más fuerte y nos habríamos mirado durante más tiempo a los ojos. Esos ojos que se emocionaban con el canto de un pajarito, ahora se emocionan porque  sabe que  no volverán, que no hay ojos donde mirarse. 
¡Ay, si la vida nos diera otra oportunidad! ¡Ay, si pudiera volver atrás aunque fuera un segundo, no más! 
Quedaron tantas cosas que decir, y quedaron tantas cosas que hacer...
Todo empezó con la lluvia.  Y ella, esta noche, revive momentos, olores, y sensaciones. 
Me va a costar dormir, y no porque  me asuste la lluvia  que cada vez va más lenta y hace menos ruido. 
Esta noche la lluvia esperada me ha devuelto a la vida.

3 de julio de 2017

SI ME QUERÉIS, IROS... o el poder de las redes sociales.



Hace pocos días, recibo un mensaje a mi móvil donde twitter me felicita por tener más de 6000 seguidores.
Sonreí y volví a mi trabajo, sin prestar demasiada atención.
Un servicio de internet que nos llega desde lejos, a nuestras casas y nuestras vidas, a más de 332 millones de vidas, datos que me facilita la wikipedia.
Se pronuncia, tuire o tuitah, según sea inglés británico o americano, y ya sabemos que el inglés tiene otro ritmo distinto al del idioma castellano en cuanto a la pronunciación.
Pero a mí, lo que en realidad me gusta, es los amigos y amigas de verdad, de toda la vida, de carne y hueso, que puedes tocar, besar, abrazar, y abroncar, que tiene que haber de todo.
En mi cumpleaños suelo reunir a mis seres queridos y amistades, para tomar algo y después apagar las velas al son del “Cumpleaños feliz”.
Y éste no podía ser menos. Quedamos en el centro, que siempre es más fácil para ubicarnos.
Me arreglo y me dispongo a salir. Voy sola, alguien aparecerá.
Encamino mis pasos hacia el lugar elegido, y comienzo a ver mucha gente por la calle, cada vez más gente, por las aceras, y todas en la misma dirección.
Sigo mi camino con la sensación de que estoy en tiempo de feria, todos echándose a la calle a celebrar.
Veo farolillos y banderitas de colores. Globos en las puertas de los comercios. Están cerrando, y sin embargo, miro el reloj, no es tarde.
A mi paso, ligero, escucho la música por todas partes. Música festiva, eso sí. Me gusta.
Ando más aprisa, que la música es animada y me invita a ir resuelta, decidida, emocionada. Cabeza alta. Sonrisa puesta.
Oscurece y se van encendiendo farolas, bombillas, velas en los escaparates, pero sigo viendo mucha gente, cada vez más.
Entro por una callejuela, y la gente va desapareciendo, “plof, plof” como pompas de jabón.
La música más alta, las luces luminosas más brillantes.
Siento que llego tarde. Mi cumpleaños. Recuerdos. El regalo de mis hijos, facebook que desde bien temprano me envía más de 300 felicitaciones, en imágenes de tartas y ramos de flores, que mañana contestaré.
Twitter, tuire o tuitah, como se pronuncie. ¿Cómo me metí yo en esto?
 Mi blog de cocina. Canal Cocina, la cocina te une. Sabor a Málaga... Encuentros, eventos, twitear.
Yo twiteo, tú twiteas. Si no twiteo no soy, no existo. ¿Hastag? Sólo 140 caracteres, ¡Me paso, seguro!
Que llego tarde, que no llego. Mi familia me espera ¿tartas, velas? ¿Tendrán twitter?
No puedo llegar, demasiada gente. Siguen caminando hacia la misma dirección. Las aceras llenas, los coches se abren paso muy despacio, para no atropellar a nadie. Motos, bicicletas, hasta me parece ver un globo aerostático. ¡No puede ser!
Me cuesta trabajo andar. La gente me lleva, casi en volandas. Sudo. Me falta el aire. Me cuesta respirar. Alzo más la cabeza a ver si me llega el aire mientras me  siguen empujando…
Ahora entiendo aquello de : “Si me queréis, iros”
Llego tarde, llego tarde.
¿Qué pasa? Es un lunes de un mes cualquiera.
La música sube de volumen y se escucha algo parecido a fuegos artificiales, y entre los edificios se ven impactos de luces brillantes, destellos de colores que caen del cielo.
Rodeo la esquina del edificio más alto, y por unos altavoces se escucha: “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz”.. No cabe un alfiler. Todos están allí. Portan flores, papelillos de colores que impactan en mi rostro, me asfixio. Entran por el canalillo, me pica. Intento respirar de nuevo, y me trago al menos dos o tres que me hacen toser.

Seis mil, que lo dijeron en las noticias. Seis mil más uno.
@mariangeless   Te invito a mi cumpleaños. Centro social. 20 horas”

6.000 retwits (seis mil) …, al menos.

10 de junio de 2016

EL BESO DE TUS NOCHES

Esa noche se fue pronto a la cama. Estaba más distante que otros días, exhausta, diría yo. Se movía de una habitación a otra con la cabeza gacha, y arrastrando los pies. Su mirada casi perdida, no fijaba la vista en ningún punto. El sueño la vencía.

Yo le hablaba mientras ella emitía sonidos casi ininteligibles, o contestaba con un breve No, Sí. No quise agobiarla más y callé.

Se aseó, como de costumbre, antes de dormir. Se lavó los dientes. Cerró la puerta del baño. Entró de nuevo a la cocina. Bebió un vaso de agua y a la vuelta, apagó la luz del pasillo.

La veía ir y venir, sin apenas hacer ruido. La dejé hacer mientras la observaba, en silencio.

Se olvidó de llevar la jaula del pájaro al lavadero. No bajó la persiana de la ventana de su salita, donde pasa la mayor parte del día, "en el banco de la paciencia" -como dice ella-, para evitar que por las mañanas entre demasiada luz y despierte a Duque, su caniche, el objeto de sus juegos y sus risas.

Cerró la puerta del cuarto, pero olvidó darme las buenas noches, como hace cada noche, cada día. Yo aún no había pasado para besarla y abrazarla. El último abrazo del día. El último beso del día.

Entré a los pocos minutos, y ya estaba en la cama.

- Mamá, mamá, -susurré-. Pero mamá dormía plácidamente. Ni los párpados movió.

La miré durante unos segundos, y sólo oía su respiración.

Me iba ya a mi cuarto, dispuesta a no molestarla, pero volví sobre mis pasos, me acerqué a su cama, me agaché suavemente y la besé en la mejilla. Que tengas dulces sueños -pensé mientras lo hacía-.

A la mañana siguiente, la luz entraba por la ventana, pero mamá seguía durmiendo en la misma postura que la dejé la noche anterior. ¡Parece que esta noche ha tenido dulces y reparadores sueños!.

Unas horas después, le comenta a su cuidadora, Mari Francis -mi confidente-, que al despertar pensó en mí, y que sabe cuánto la quiero. Que le doy muchos besos y abrazos, a pesar de que reconoce que soy "un desastre". Pero que anoche se fue temprano a la cama y no se los dí.

- Claro que sí te lo dí, mamá. Como todas las noches. Mientras esté aquí, no te faltarán.

Cada noche te regalaré un beso y un abrazo. Aunque no te des cuenta, yo velaré tus sueños, al igual que hacías cuando yo, aún, era una bebé. Yo tampoco recordaba el amor que me dabas, las noches que pasabas en vela cuando enfermaba, o cuando ahuyentabas mis pesadillas con cuentos, cancioncillas y carantoñas.

Ahora te envolveré entre mis brazos, y te apretaré para que me sientas. Para que recuerdes, cada mañana, lo mucho que te quiero. Y que éste no será tu último beso, ni tu último abrazo. Aún te quedan muchos por recibir.


3 de junio de 2016

PÍDEME LA LUNA. La virtud de la paciencia.

Segunda práctica del taller de periodismo literario de Guillermo Busutil, en Taller Paréntesis.
Más íntima y directa al corazón.
Pero es que me pasa una cosa: cuando intento escribir sobre un tema concreto, no me sale nada. Le doy vueltas y vueltas y casi siempre termino cambiando de tema.
Pero cuando me llega la musa o estoy inspirada, y me pongo a escribir, nunca sé de qué lo voy a hacer. ¿sabéis cómo me siento? NO os riáis, por favor. Pues me siento como si alguien moviera la mano por mí, y no sé ni lo que escribo. Después lo leo y me sorprendo yo misma del tema elegido, o de cómo lo he expresado.
Tampoco sé cómo voy a acabar. Porque según el día, me voy por unos derroteros u otros. En ocasiones irónica, y en otras más sensiblera.
¡Así soy yo!

PÍDEME LA LUNA
Por Mª Ángeles Sánchez Serrano

Hay momentos en la vida en los que sólo te interesa hacer feliz a alguien.

Saber que con una palabra, con un gesto o con una acción vas a desencadenar que esa persona reciba una sorpresa agradable, y que se le ilumine la cara, es lo único que ahora importa.

Y si sabes que esa persona, algún día, más temprano o más tarde, va a dejar de entusiasmarse y sonreír, entonces lo haces SÍ o SÍ. Sin importarte nada más. Dejando de lado tu propio bien, tus intereses. Dejando de lado otras palabras, otras acciones de otras gentes.

Así se comporta esta enfermedad, el alzhéimer, con una pérdida de interés, cambios de estado de ánimo y depresiones, entre sus síntomas más destacados y visibles.

Considerada ya como la "Epidemia del siglo XXI", con una incidencia de 24 millones de personas afectadas en todo el mundo y que podría alcanzar más de 80 millones en 2040.

Una cifra que da miedo. Si leemos las estadísticas y seguimos hurgando en la herida, más de tres millones de personas nos vemos afectadas por esta enfermedad, entre pacientes, familiares y cuidadores. Es una realidad y así hay que vivirla.

De poco sirven las lecturas, la información y los consejos. Te guían, eso sí, a comprender y entender. Pero el día a día es el que te enseña. La intuición y la propia personalidad de quien cuida.

Mucho de imaginación y mucho amor; pero sobre todo, mucha paciencia. Ésa es la clave. Paciencia. Preciosa en sonido. Inmensa en contenido.

Con esta enfermedad cada día se aprende algo nuevo. Cada día te enfrentas a un reto que hay que superar y en este mar de vaivenes, hay ocasiones que te relajas, cuando ves que pasan los días y algo ha cambiado. Se instala entonces la calma y vuelve la razón, o eso te lo parece. Te acomodas porque, aunque cada momento bueno dure un suspiro, lo estiras como chicle, todo lo que puedes.

Pero una tarde, cuando tú también estás saturada, de pronto aparece lo que tanto temías. Te pilla de sorpresa, porque a lo bueno se acostumbra una muy pronto. Mantienes una lucha contigo misma y contra esa enfermedad que arrebata la razón y te deja sin argumentos. Peleas, intentas razonar, te hiere, luchas... Explotas. Y al final, te retiras. 

Vuelves con tu mejor sonrisa. Te sientas a su lado como si nada hubiera pasada. Recompones tu estrategia y sacas la fuerza que reservas para momentos así.

La batalla ha comenzado de nuevo. Y a ésta no se la vence con la fuerza ni la violencia. A esta batalla hay que hacerle frente con cariño y amor y con esa gran dosis de paciencia.

Ante este panorama, si me pidiese que le bajara la luna, la luna le bajaría. Y si no lo consiguiera, una luna le dibujaría. Porque para una que suscribe, no hay nadie en este mundo que lo merezca más, que quien me dio la vida antes y después de nacer.

NOTA DE CLASE:  El día que leí llevaba dos columnas escritas. Y para mí las dos eran igual de especiales. Les dí a elegir, y al final, mi profesor se quedó con ésta. Le apetecía que alguien leyera algo de este tipo.
En general las correcciones no estuvieron mal. Siempre se aprende de la opinión de las demás personas. Y sobre todo del profesor, de Guillermo. Gran periodista a quien me encanta leer. Como periodista y como escritor.
Así es que atendiendo a sus indicaciones, y tras leer de nuevo revisando comas y puntos, así ha quedado mi columna.
Y no vuelvo a leerla más, porque si no, vuelvo a introducir o quitar.. y no quiero ni puedo.

26 de mayo de 2016

EL BOOM DE LA CENTRALITA VIRTUAL. Práctica del Taller de Periodismo Literario.

Hace un mes que comencé un taller de Periodismo Literario con el periodista y escritor, Guillermo Busutil. Lo imparten en  Paréntesis,  Asociación cultural dedicada al fomento de la literatura, el arte y la creatividad.
Tardé en escribir mi primer ejercicio. Y después de darle vueltas a varios temas, empezar desde distintas ópticas, el día a día de mi trabajo me dio la clave para la que escribí definitivamente. Y no creas que lo hice meditándolo, no, basada en el cabreo y la hartura de un hecho cotidiano.


EL BOOM DE LA CENTRALITA VIRTUAL
Por: Mª Ángeles Sánchez Serrano

Que digo yo. ¿Y tantas máquinas, para qué? ¿Nos facilitan de verdad la vida?

Cierto es que las administraciones, en pos de prestar mejores servicios a la ciudadanía, implantan el servicio de atención telefónica, la centralita. Ésa que te atiende repetidamente:

- ¡Está Vd. llamando, al ayuntamiento de….! ¡Ya empezamos!
- Si quiere hablar con planificación, pulse uno. Si desea hablar con Informática pulse dos, o con Servicios Generales, pulse tres. Y así, una retahíla de servicios y números, pero el tuyo, no está.

- Y si no, en breves momentos le atenderá un operador. ¡vale, mejor espero!
Piiii, piiii, piiii, o música enlatada por respuesta.

Las empresas suministradoras de estas centralitas pregonan a los cuatro vientos, que la utilización de estos aparatos supone una solución práctica y sencilla. Sencilla para mejorar los resultados y la comunicación en las empresas, incluso con el exterior. Y un ahorro económico para las mismas, importante, que no pongo en duda.

- Sí, sí, todo eso está muy bien, pero ¿a mí quién me atiende?

Y ya no te digo si me salta el contestador y tengo que dejar el mensaje... ¡ay, si  es que hasta nerviosa me pongo! Y eso que una, para estos casos, tiene sus estrategias. Me preparo, me imagino que tras ese aparato hay una persona que me escucha, y entablo una conversación a dos, donde sólo habla una, yo.

Que sí, que estoy de acuerdo en que cuando atiende una de estas centralitas virtuales, me atuso el cabello, alzo los hombros y me preparo para hablar con una empresa moderna y actual. Y seguro que dispone de muchos departamentos, y una gran plantilla, que hace de ella una empresa potente.

También sé que para cualquier persona que trabaje por su cuenta, si no tiene un contestador que atienda sus llamadas, la cosa se complica: llamadas perdidas, clientes que se pierden, el perro que ladra más de la cuenta, ante una llamada persistente… Optimización del trabajo, lo llaman. Y como decía el presidente americano, Benjamín Franklim,  "El tiempo es dinero", y que en cualquier entorno empresarial es una realidad muy presente que cobra especial importancia para personas emprendedoreas, autónomas y que dirigen medianas o pequeñas empresas. 

¡Pero por favor, esas centralitas, que funcionen! A ver, servicios generales uno, planeamiento dos, ¿y quién resuelve mi tema? Y después de repetir lo mismo dos o tres veces, y con un mosqueo del 10, se corta, y me quedo a dos velas. Tiempo perdido.

Lo que más me preocupa de todo esto, es que se desvanece el carácter humano; esa voz que te resulta familiar y que sabe dónde se ubica cada uno de sus trabajadores o trabajadoras, porque a mí, tanta voz metálica enlatada, me desubica.

Leí hace poco que los países en desarrollo deben abordar cuestiones técnicas y socioecnómicas para introducir la telefonía virtual y a tal efecto se ha creado un Grupo de Expertos, nada más y nada menos, que desempeñan las tareas definitivas para la introducción de la telefonía IP. ¡vamos, que serio es, un rato!

Pero en la retina de nuestra memoria histórica están aquellas operadoras con auriculares, sentadas ante unos paneles con agujeros y muchos cables, que insertaban con maestría y rapidez, y ponían en comunicación a todo el mundo.

Es más, aunque esté de acuerdo en que la evolución de las telecomunicaciones es imparable, que el trabajo que se realiza va en  beneficio de una mejor comunicación entre la ciudadanía, y todo eso… llámenme antigua, pero es que yo, prefiero la comunicación más personal.

- ¿Dígame? ¿En qué puedo atenderle

Málaga, mayo de 2016

NOTA. El reconocimiento de mis compañeros y compañeras ha sido casi unánime, y del profesor, que me felicitó y eso me animó a continuar con los ejercicios sin tanto miedo. 
Irónica y rápida, fresca con un lenguaje coloquial y atractivo. Y que tenía el estilo de la escritora y periodista Luz Sánchez-Mellado. ¡Casi ná!
También se comentó que era la única que había puesto el texto con foto y todo, como se suelen presentar estos documentos en las revistas o publicaciones donde aparecen. 
Un compañero también añadió que había metido sonidos a la columna, y que gustó mucho en general. 

6 de julio de 2015

CHIQUI SWEET, EL LADO DULCE DE LA DIABETES. VEINTE MINUTOS DE UN EJEMPLO DE VIDA

Veinte minutos separan en el tiempo el centro de Málaga y mi casa. Veinte minutos andando, despacito.
En mitad del camino se me ocurre sentarme a resguardarme del calor y del cansancio. Abro el libro de la presentación a la que he aistido hoy y empiezo con el saludo, luego la introducción, y deSpués el prólogo, para finalmente llegar al primer capítulo con el que, literalmente, me quedo enganchada.
Es el libro de una madre, Lorena, que relata cómo descubren que su pequeña de tan sólo 5 años, tiene los niveles de azúcar muy altos. Y ahí empieza su historia, su sentir, su vivir.
Me engancha la forma de hablar. Sí, de hablar, porque es como si escuchara a Lorena contándome todo, paso a paso, momento a momento. Vivo el ayer y el hoy, casi en primera persona.
Me incorporo y sigo mi camino, pero en esta ocasión lo hago pegada al libro, leyendo cada palabra con ansiedad, esperando a la siguiente. No descuido mi entorno, al que presto la atención necesaria para no tener accidentes, mirando de reojo, sólo de reojo,  los semáforos, las aceras, la gente que pasa a mi alrededor.

No existe tiempo, no existe distancia, no quiero llegar a casa. Retardo mis pasos, me entretengo más de lo habitual en los cruces, ávida de historia, ávida de saber más...
Al entrar al casa no quiero ruidos, sólo quiero seguir concentrada en el libro. No puedo apartar los ojos y los sentidos de la lectura, de la historia; quiero saber cómo sigue Carlota, cómo reacciona su madre, qué pasa ahora.
Las lágrimas ya han aflorado en varias ocasiones, sobre todo cuando Lorena nos presenta a Alfredo, el padre, preocupado como ella, pero distinto en transmitir lo que siente, tomando la noticia como se suele decir "por los cuernos", y que sin embargo caminan juntos en todo, se complementan. Cómo presenta a sus padres,  a quienes quiere más, si cabe, a raiz de esta circunstancia;  a su suegra, a quien entiende más a partir de este momento, y como no podía ser menos, cuando en sólo dos párrafos nos describe a su hermano Emilio, al tío Emilio, ese ser bondadoso y que nunca les falla. ¡Otra vez las lágrimas!. Al igual que Lorena soy de lágrima fácil cuando se trata de sentimientos.
Me quedo en la cocina, sentada en la escalerilla, lo primero que pillo. Esta habitación, mi refugio, mi lugar de "creación" está llena de cacharros al haber realizado cuatro bizcochos que me habían encargado. Huele a vainilla, chocolate, canela, naranja.... Miro el bizcocho que reposa sobre la encimera. ¿por qué lo veo ahora tan extraño, tan lejano? No puedo dejar de pensar en Carlota.
De urgencias voy a por un ventilador, porque además de las lágrimas, también caen gotas de sudor, qué calor. Pero yo sigo inmenrsa en este quehacer que me ha enganchado. Mis hijos entran y salen y me observan extrañados.
Vuelvo a la cocina,  ventilador funcionando a tope, y Darwin, mi gato, se ha sentado en el suelo a mi vera. ¡Aquí hoy no se come!
Devoro las hojas que me restan, una tras otra. Poco sabía de la diabetes, y menos cuando afecta a los más pequeños. Pero en veinte minutos, casi he aprendido más que en meses, en los diez meses que lleva Carlota, como dice su madre, desde que debutó como "terrón dulce". Me encanta cómo la llama, "eres un terrón".
Carlota es una niña de tan solo 5 años, fuerte, valiente, con esa inocencia que todo lo quiere saber, pero que acepta los cambios en su vida mejor que cualquier persona adulta. Esa capacidad de adaptación ante una situación crítica sorprende en una niña tan pequeña. Me enternece cuando su madre dice que no le gusta la leche sola, y sin embargo, su primer vaso sin cacao se lo toma sin rechistar. ¡Es un cielo! Al igual que se relata en el libro, ¡Me la habría comido a besos!
En tan solo veinte minutos que separan el centro de mi casa, he vivido esos diez meses, he sufrido, he reido y he llorado. Y he aprendido, y mucho.
El bizcocho de chocolate está diciendo cómeme, pero no sé... ahora lo veo extraño.
Carlos Moncada, periodista, escritor, compañero y amigo, y coeditor de CHIQUI SWEET, EL LADO DULCE DE LA DIABETES, me invitó a la presentación del libro. Me gustó la portada, me gustó el título y lo poco que leí de él. Antes incluso de que él mismo me invitara, ya había surgido esa chispa que se enciende en mí cuando algo me atrae. Me llegué después de un día intenso, y me quedé, emocionada.
Mi relación con la diabetes no es cercana. Sé que mi abuelo materno tenía "azúcar", así lo conocía yo, pero debía de estar controlada, porque no lo veía ponerse inyecciones ni nada. Sí escuchaba a mi abuela, cuando íbamos en Navidad, quejarse de que mi abuelo comía más dulces de los que debía. "De algo me tengo que morir"- decía, y a escondidas se llevaba un mantecado, o unos dulces y alfajores. Es cierto que no pasábamos mucho tiempo con ellos, porque vivíamos en otra ciudad, pero no recuerdo males mayores.
A quien sí recuerdo que tenía más problemas con la diabetes, era a mi tía Manolita, Manoli para la familia. Al igual que con mi abuelo, la palabra diabetes no estaba en mi diccionario, tenía azúcar. Ella sí se ponía inyecciones, y mis primas y yo lo llevábamos como algo muy natural. Tanto que para nosotras era un juego. Cogíamos las jeringas y jugábamos con ellas a curar los pajarillos que encontrábamos malheridos en el campo. A ella, a mi tía Manoli, más de una vez, sí la ví en cama, supongo que con alguna crisis. Y luego, en la distancia, he sabido que lo pasó mal con la enfermedad y otras complicaciones. Creo que no se cuidaba lo que debía.
Ahora mi relación con la diabetes es por el conocimiento de que tres de mis amigas la tienen, y sólo en conversaciones me han comentado en alguna ocasión, sus revisiones, sus controles antes y después de comer, y poco más.
Por eso creo que también devoré el libro, ya que todo era nuevo para mí, cada paso, cada síntoma, cada solución, todo rodeado de dulzura, de amor y energía, como la propia autora define este libro, y que se siente desde el primer momento que comienzas a leer.
Es un libro que se lee en veinte minutos, pero que puedes disfrutar toda la vida, y si tú también eres una niña o un niño dulce, en él puedes encontrar muchas respuestas, y algo más importante, la tranquilidad de saber que lo que te pasa tiene solución, que sólo es una forma de vida, que la adaptación y el conocimiento te pueden ayudar mucho. Y el cariño, y el amor, y la familia.
Escrito con una sinceridad que impresiona, hasta los más íntimos pensamientos de una madre que se encuentra con algo que no esperaba, y de sopetón. El humor, que en realidad es una careta, una especie de "gafas de sol" que impiden que te vean débil, indefensa; es una característica de quien transmite una lección de vida.
REcomendable, hasta para quien, de momento, no ha sufrido ni en sus carnes ni en las de sus hijos esta circunstancia de vida. Es un libro muy bonito.
Un OLE bien grande para Carlota, para sus hermanas, para sus padres, para su familia y para todos los niños y niñas que  tienen que vivir de otra manera a la que lo hacemos la mayoría. Hay mucho que aprender de ellos y de ellas.
Y un OLE muy grande para Marta García y Carlos Moncada, editores de este bonito libro, para Sofía G. Aubert, la ilustradora, cuyos dibujos enternecen y llenan de vida la historia. 
Una puesta en escena muy original la presentación del libro en Málaga, que tuvo lugar el pasado 2 de julio en la Sala Oyarzábal (antiguo salón de Plenos de la Diputación de Málaga, en el edificio de la Plza de la Marina), bajo la batuta de Carlos Moncada, a la que asistieron Francisco Salado, un representante de la empresa de servicios Clece S.A. (con una importante labor social), quienes acompañaron a Lorena y a los editores, a quienes dedicaron palabras muy bonitas y a quienes esta historia enganchó también desde el principio.

Enlaces relacionados:
FACEBOOK DE CHIQUI SWEET, El Lado Dulce de la Diabetes 
Blog de Lorena CHIQUI SWEET