3 de julio de 2017

SI ME QUERÉIS, IROS... o el poder de las redes sociales.



Hace pocos días, recibo un mensaje a mi móvil donde twitter me felicita por tener más de 6000 seguidores.
Sonreí y volví a mi trabajo, sin prestar demasiada atención.
Un servicio de internet que nos llega desde lejos, a nuestras casas y nuestras vidas, a más de 332 millones de vidas, datos que me facilita la wikipedia.
Se pronuncia, tuire o tuitah, según sea inglés británico o americano, y ya sabemos que el inglés tiene otro ritmo distinto al del idioma castellano en cuanto a la pronunciación.
Pero a mí, lo que en realidad me gusta, es los amigos y amigas de verdad, de toda la vida, de carne y hueso, que puedes tocar, besar, abrazar, y abroncar, que tiene que haber de todo.
En mi cumpleaños suelo reunir a mis seres queridos y amistades, para tomar algo y después apagar las velas al son del “Cumpleaños feliz”.
Y éste no podía ser menos. Quedamos en el centro, que siempre es más fácil para ubicarnos.
Me arreglo y me dispongo a salir. Voy sola, alguien aparecerá.
Encamino mis pasos hacia el lugar elegido, y comienzo a ver mucha gente por la calle, cada vez más gente, por las aceras, y todas en la misma dirección.
Sigo mi camino con la sensación de que estoy en tiempo de feria, todos echándose a la calle a celebrar.
Veo farolillos y banderitas de colores. Globos en las puertas de los comercios. Están cerrando, y sin embargo, miro el reloj, no es tarde.
A mi paso, ligero, escucho la música por todas partes. Música festiva, eso sí. Me gusta.
Ando más aprisa, que la música es animada y me invita a ir resuelta, decidida, emocionada. Cabeza alta. Sonrisa puesta.
Oscurece y se van encendiendo farolas, bombillas, velas en los escaparates, pero sigo viendo mucha gente, cada vez más.
Entro por una callejuela, y la gente va desapareciendo, “plof, plof” como pompas de jabón.
La música más alta, las luces luminosas más brillantes.
Siento que llego tarde. Mi cumpleaños. Recuerdos. El regalo de mis hijos, facebook que desde bien temprano me envía más de 300 felicitaciones, en imágenes de tartas y ramos de flores, que mañana contestaré.
Twitter, tuire o tuitah, como se pronuncie. ¿Cómo me metí yo en esto?
 Mi blog de cocina. Canal Cocina, la cocina te une. Sabor a Málaga... Encuentros, eventos, twitear.
Yo twiteo, tú twiteas. Si no twiteo no soy, no existo. ¿Hastag? Sólo 140 caracteres, ¡Me paso, seguro!
Que llego tarde, que no llego. Mi familia me espera ¿tartas, velas? ¿Tendrán twitter?
No puedo llegar, demasiada gente. Siguen caminando hacia la misma dirección. Las aceras llenas, los coches se abren paso muy despacio, para no atropellar a nadie. Motos, bicicletas, hasta me parece ver un globo aerostático. ¡No puede ser!
Me cuesta trabajo andar. La gente me lleva, casi en volandas. Sudo. Me falta el aire. Me cuesta respirar. Alzo más la cabeza a ver si me llega el aire mientras me  siguen empujando…
Ahora entiendo aquello de : “Si me queréis, iros”
Llego tarde, llego tarde.
¿Qué pasa? Es un lunes de un mes cualquiera.
La música sube de volumen y se escucha algo parecido a fuegos artificiales, y entre los edificios se ven impactos de luces brillantes, destellos de colores que caen del cielo.
Rodeo la esquina del edificio más alto, y por unos altavoces se escucha: “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz”.. No cabe un alfiler. Todos están allí. Portan flores, papelillos de colores que impactan en mi rostro, me asfixio. Entran por el canalillo, me pica. Intento respirar de nuevo, y me trago al menos dos o tres que me hacen toser.

Seis mil, que lo dijeron en las noticias. Seis mil más uno.
@mariangeless   Te invito a mi cumpleaños. Centro social. 20 horas”

6.000 retwits (seis mil) …, al menos.

10 de junio de 2016

EL BESO DE TUS NOCHES

Esa noche se fue pronto a la cama. Estaba más distante que otros días, exhausta, diría yo. Se movía de una habitación a otra con la cabeza gacha, y arrastrando los pies. Su mirada casi perdida, no fijaba la vista en ningún punto. El sueño la vencía.

Yo le hablaba mientras ella emitía sonidos casi ininteligibles, o contestaba con un breve No, Sí. No quise agobiarla más y callé.

Se aseó, como de costumbre, antes de dormir. Se lavó los dientes. Cerró la puerta del baño. Entró de nuevo a la cocina. Bebió un vaso de agua y a la vuelta, apagó la luz del pasillo.

La veía ir y venir, sin apenas hacer ruido. La dejé hacer mientras la observaba, en silencio.

Se olvidó de llevar la jaula del pájaro al lavadero. No bajó la persiana de la ventana de su salita, donde pasa la mayor parte del día, "en el banco de la paciencia" -como dice ella-, para evitar que por las mañanas entre demasiada luz y despierte a Duque, su caniche, el objeto de sus juegos y sus risas.

Cerró la puerta del cuarto, pero olvidó darme las buenas noches, como hace cada noche, cada día. Yo aún no había pasado para besarla y abrazarla. El último abrazo del día. El último beso del día.

Entré a los pocos minutos, y ya estaba en la cama.

- Mamá, mamá, -susurré-. Pero mamá dormía plácidamente. Ni los párpados movió.

La miré durante unos segundos, y sólo oía su respiración.

Me iba ya a mi cuarto, dispuesta a no molestarla, pero volví sobre mis pasos, me acerqué a su cama, me agaché suavemente y la besé en la mejilla. Que tengas dulces sueños -pensé mientras lo hacía-.

A la mañana siguiente, la luz entraba por la ventana, pero mamá seguía durmiendo en la misma postura que la dejé la noche anterior. ¡Parece que esta noche ha tenido dulces y reparadores sueños!.

Unas horas después, le comenta a su cuidadora, Mari Francis -mi confidente-, que al despertar pensó en mí, y que sabe cuánto la quiero. Que le doy muchos besos y abrazos, a pesar de que reconoce que soy "un desastre". Pero que anoche se fue temprano a la cama y no se los dí.

- Claro que sí te lo dí, mamá. Como todas las noches. Mientras esté aquí, no te faltarán.

Cada noche te regalaré un beso y un abrazo. Aunque no te des cuenta, yo velaré tus sueños, al igual que hacías cuando yo, aún, era una bebé. Yo tampoco recordaba el amor que me dabas, las noches que pasabas en vela cuando enfermaba, o cuando ahuyentabas mis pesadillas con cuentos, cancioncillas y carantoñas.

Ahora te envolveré entre mis brazos, y te apretaré para que me sientas. Para que recuerdes, cada mañana, lo mucho que te quiero. Y que éste no será tu último beso, ni tu último abrazo. Aún te quedan muchos por recibir.


3 de junio de 2016

PÍDEME LA LUNA. La virtud de la paciencia.

Segunda práctica del taller de periodismo literario de Guillermo Busutil, en Taller Paréntesis.
Más íntima y directa al corazón.
Pero es que me pasa una cosa: cuando intento escribir sobre un tema concreto, no me sale nada. Le doy vueltas y vueltas y casi siempre termino cambiando de tema.
Pero cuando me llega la musa o estoy inspirada, y me pongo a escribir, nunca sé de qué lo voy a hacer. ¿sabéis cómo me siento? NO os riáis, por favor. Pues me siento como si alguien moviera la mano por mí, y no sé ni lo que escribo. Después lo leo y me sorprendo yo misma del tema elegido, o de cómo lo he expresado.
Tampoco sé cómo voy a acabar. Porque según el día, me voy por unos derroteros u otros. En ocasiones irónica, y en otras más sensiblera.
¡Así soy yo!

PÍDEME LA LUNA
Por Mª Ángeles Sánchez Serrano

Hay momentos en la vida en los que sólo te interesa hacer feliz a alguien.

Saber que con una palabra, con un gesto o con una acción vas a desencadenar que esa persona reciba una sorpresa agradable, y que se le ilumine la cara, es lo único que ahora importa.

Y si sabes que esa persona, algún día, más temprano o más tarde, va a dejar de entusiasmarse y sonreír, entonces lo haces SÍ o SÍ. Sin importarte nada más. Dejando de lado tu propio bien, tus intereses. Dejando de lado otras palabras, otras acciones de otras gentes.

Así se comporta esta enfermedad, el alzhéimer, con una pérdida de interés, cambios de estado de ánimo y depresiones, entre sus síntomas más destacados y visibles.

Considerada ya como la "Epidemia del siglo XXI", con una incidencia de 24 millones de personas afectadas en todo el mundo y que podría alcanzar más de 80 millones en 2040.

Una cifra que da miedo. Si leemos las estadísticas y seguimos hurgando en la herida, más de tres millones de personas nos vemos afectadas por esta enfermedad, entre pacientes, familiares y cuidadores. Es una realidad y así hay que vivirla.

De poco sirven las lecturas, la información y los consejos. Te guían, eso sí, a comprender y entender. Pero el día a día es el que te enseña. La intuición y la propia personalidad de quien cuida.

Mucho de imaginación y mucho amor; pero sobre todo, mucha paciencia. Ésa es la clave. Paciencia. Preciosa en sonido. Inmensa en contenido.

Con esta enfermedad cada día se aprende algo nuevo. Cada día te enfrentas a un reto que hay que superar y en este mar de vaivenes, hay ocasiones que te relajas, cuando ves que pasan los días y algo ha cambiado. Se instala entonces la calma y vuelve la razón, o eso te lo parece. Te acomodas porque, aunque cada momento bueno dure un suspiro, lo estiras como chicle, todo lo que puedes.

Pero una tarde, cuando tú también estás saturada, de pronto aparece lo que tanto temías. Te pilla de sorpresa, porque a lo bueno se acostumbra una muy pronto. Mantienes una lucha contigo misma y contra esa enfermedad que arrebata la razón y te deja sin argumentos. Peleas, intentas razonar, te hiere, luchas... Explotas. Y al final, te retiras. 

Vuelves con tu mejor sonrisa. Te sientas a su lado como si nada hubiera pasada. Recompones tu estrategia y sacas la fuerza que reservas para momentos así.

La batalla ha comenzado de nuevo. Y a ésta no se la vence con la fuerza ni la violencia. A esta batalla hay que hacerle frente con cariño y amor y con esa gran dosis de paciencia.

Ante este panorama, si me pidiese que le bajara la luna, la luna le bajaría. Y si no lo consiguiera, una luna le dibujaría. Porque para una que suscribe, no hay nadie en este mundo que lo merezca más, que quien me dio la vida antes y después de nacer.

NOTA DE CLASE:  El día que leí llevaba dos columnas escritas. Y para mí las dos eran igual de especiales. Les dí a elegir, y al final, mi profesor se quedó con ésta. Le apetecía que alguien leyera algo de este tipo.
En general las correcciones no estuvieron mal. Siempre se aprende de la opinión de las demás personas. Y sobre todo del profesor, de Guillermo. Gran periodista a quien me encanta leer. Como periodista y como escritor.
Así es que atendiendo a sus indicaciones, y tras leer de nuevo revisando comas y puntos, así ha quedado mi columna.
Y no vuelvo a leerla más, porque si no, vuelvo a introducir o quitar.. y no quiero ni puedo.

26 de mayo de 2016

EL BOOM DE LA CENTRALITA VIRTUAL. Práctica del Taller de Periodismo Literario.

Hace un mes que comencé un taller de Periodismo Literario con el periodista y escritor, Guillermo Busutil. Lo imparten en  Paréntesis,  Asociación cultural dedicada al fomento de la literatura, el arte y la creatividad.
Tardé en escribir mi primer ejercicio. Y después de darle vueltas a varios temas, empezar desde distintas ópticas, el día a día de mi trabajo me dio la clave para la que escribí definitivamente. Y no creas que lo hice meditándolo, no, basada en el cabreo y la hartura de un hecho cotidiano.


EL BOOM DE LA CENTRALITA VIRTUAL
Por: Mª Ángeles Sánchez Serrano

Que digo yo. ¿Y tantas máquinas, para qué? ¿Nos facilitan de verdad la vida?

Cierto es que las administraciones, en pos de prestar mejores servicios a la ciudadanía, implantan el servicio de atención telefónica, la centralita. Ésa que te atiende repetidamente:

- ¡Está Vd. llamando, al ayuntamiento de….! ¡Ya empezamos!
- Si quiere hablar con planificación, pulse uno. Si desea hablar con Informática pulse dos, o con Servicios Generales, pulse tres. Y así, una retahíla de servicios y números, pero el tuyo, no está.

- Y si no, en breves momentos le atenderá un operador. ¡vale, mejor espero!
Piiii, piiii, piiii, o música enlatada por respuesta.

Las empresas suministradoras de estas centralitas pregonan a los cuatro vientos, que la utilización de estos aparatos supone una solución práctica y sencilla. Sencilla para mejorar los resultados y la comunicación en las empresas, incluso con el exterior. Y un ahorro económico para las mismas, importante, que no pongo en duda.

- Sí, sí, todo eso está muy bien, pero ¿a mí quién me atiende?

Y ya no te digo si me salta el contestador y tengo que dejar el mensaje... ¡ay, si  es que hasta nerviosa me pongo! Y eso que una, para estos casos, tiene sus estrategias. Me preparo, me imagino que tras ese aparato hay una persona que me escucha, y entablo una conversación a dos, donde sólo habla una, yo.

Que sí, que estoy de acuerdo en que cuando atiende una de estas centralitas virtuales, me atuso el cabello, alzo los hombros y me preparo para hablar con una empresa moderna y actual. Y seguro que dispone de muchos departamentos, y una gran plantilla, que hace de ella una empresa potente.

También sé que para cualquier persona que trabaje por su cuenta, si no tiene un contestador que atienda sus llamadas, la cosa se complica: llamadas perdidas, clientes que se pierden, el perro que ladra más de la cuenta, ante una llamada persistente… Optimización del trabajo, lo llaman. Y como decía el presidente americano, Benjamín Franklim,  "El tiempo es dinero", y que en cualquier entorno empresarial es una realidad muy presente que cobra especial importancia para personas emprendedoreas, autónomas y que dirigen medianas o pequeñas empresas. 

¡Pero por favor, esas centralitas, que funcionen! A ver, servicios generales uno, planeamiento dos, ¿y quién resuelve mi tema? Y después de repetir lo mismo dos o tres veces, y con un mosqueo del 10, se corta, y me quedo a dos velas. Tiempo perdido.

Lo que más me preocupa de todo esto, es que se desvanece el carácter humano; esa voz que te resulta familiar y que sabe dónde se ubica cada uno de sus trabajadores o trabajadoras, porque a mí, tanta voz metálica enlatada, me desubica.

Leí hace poco que los países en desarrollo deben abordar cuestiones técnicas y socioecnómicas para introducir la telefonía virtual y a tal efecto se ha creado un Grupo de Expertos, nada más y nada menos, que desempeñan las tareas definitivas para la introducción de la telefonía IP. ¡vamos, que serio es, un rato!

Pero en la retina de nuestra memoria histórica están aquellas operadoras con auriculares, sentadas ante unos paneles con agujeros y muchos cables, que insertaban con maestría y rapidez, y ponían en comunicación a todo el mundo.

Es más, aunque esté de acuerdo en que la evolución de las telecomunicaciones es imparable, que el trabajo que se realiza va en  beneficio de una mejor comunicación entre la ciudadanía, y todo eso… llámenme antigua, pero es que yo, prefiero la comunicación más personal.

- ¿Dígame? ¿En qué puedo atenderle

Málaga, mayo de 2016

NOTA. El reconocimiento de mis compañeros y compañeras ha sido casi unánime, y del profesor, que me felicitó y eso me animó a continuar con los ejercicios sin tanto miedo. 
Irónica y rápida, fresca con un lenguaje coloquial y atractivo. Y que tenía el estilo de la escritora y periodista Luz Sánchez-Mellado. ¡Casi ná!
También se comentó que era la única que había puesto el texto con foto y todo, como se suelen presentar estos documentos en las revistas o publicaciones donde aparecen. 
Un compañero también añadió que había metido sonidos a la columna, y que gustó mucho en general. 

6 de julio de 2015

CHIQUI SWEET, EL LADO DULCE DE LA DIABETES. VEINTE MINUTOS DE UN EJEMPLO DE VIDA

Veinte minutos separan en el tiempo el centro de Málaga y mi casa. Veinte minutos andando, despacito.
En mitad del camino se me ocurre sentarme a resguardarme del calor y del cansancio. Abro el libro de la presentación a la que he aistido hoy y empiezo con el saludo, luego la introducción, y deSpués el prólogo, para finalmente llegar al primer capítulo con el que, literalmente, me quedo enganchada.
Es el libro de una madre, Lorena, que relata cómo descubren que su pequeña de tan sólo 5 años, tiene los niveles de azúcar muy altos. Y ahí empieza su historia, su sentir, su vivir.
Me engancha la forma de hablar. Sí, de hablar, porque es como si escuchara a Lorena contándome todo, paso a paso, momento a momento. Vivo el ayer y el hoy, casi en primera persona.
Me incorporo y sigo mi camino, pero en esta ocasión lo hago pegada al libro, leyendo cada palabra con ansiedad, esperando a la siguiente. No descuido mi entorno, al que presto la atención necesaria para no tener accidentes, mirando de reojo, sólo de reojo,  los semáforos, las aceras, la gente que pasa a mi alrededor.

No existe tiempo, no existe distancia, no quiero llegar a casa. Retardo mis pasos, me entretengo más de lo habitual en los cruces, ávida de historia, ávida de saber más...
Al entrar al casa no quiero ruidos, sólo quiero seguir concentrada en el libro. No puedo apartar los ojos y los sentidos de la lectura, de la historia; quiero saber cómo sigue Carlota, cómo reacciona su madre, qué pasa ahora.
Las lágrimas ya han aflorado en varias ocasiones, sobre todo cuando Lorena nos presenta a Alfredo, el padre, preocupado como ella, pero distinto en transmitir lo que siente, tomando la noticia como se suele decir "por los cuernos", y que sin embargo caminan juntos en todo, se complementan. Cómo presenta a sus padres,  a quienes quiere más, si cabe, a raiz de esta circunstancia;  a su suegra, a quien entiende más a partir de este momento, y como no podía ser menos, cuando en sólo dos párrafos nos describe a su hermano Emilio, al tío Emilio, ese ser bondadoso y que nunca les falla. ¡Otra vez las lágrimas!. Al igual que Lorena soy de lágrima fácil cuando se trata de sentimientos.
Me quedo en la cocina, sentada en la escalerilla, lo primero que pillo. Esta habitación, mi refugio, mi lugar de "creación" está llena de cacharros al haber realizado cuatro bizcochos que me habían encargado. Huele a vainilla, chocolate, canela, naranja.... Miro el bizcocho que reposa sobre la encimera. ¿por qué lo veo ahora tan extraño, tan lejano? No puedo dejar de pensar en Carlota.
De urgencias voy a por un ventilador, porque además de las lágrimas, también caen gotas de sudor, qué calor. Pero yo sigo inmenrsa en este quehacer que me ha enganchado. Mis hijos entran y salen y me observan extrañados.
Vuelvo a la cocina,  ventilador funcionando a tope, y Darwin, mi gato, se ha sentado en el suelo a mi vera. ¡Aquí hoy no se come!
Devoro las hojas que me restan, una tras otra. Poco sabía de la diabetes, y menos cuando afecta a los más pequeños. Pero en veinte minutos, casi he aprendido más que en meses, en los diez meses que lleva Carlota, como dice su madre, desde que debutó como "terrón dulce". Me encanta cómo la llama, "eres un terrón".
Carlota es una niña de tan solo 5 años, fuerte, valiente, con esa inocencia que todo lo quiere saber, pero que acepta los cambios en su vida mejor que cualquier persona adulta. Esa capacidad de adaptación ante una situación crítica sorprende en una niña tan pequeña. Me enternece cuando su madre dice que no le gusta la leche sola, y sin embargo, su primer vaso sin cacao se lo toma sin rechistar. ¡Es un cielo! Al igual que se relata en el libro, ¡Me la habría comido a besos!
En tan solo veinte minutos que separan el centro de mi casa, he vivido esos diez meses, he sufrido, he reido y he llorado. Y he aprendido, y mucho.
El bizcocho de chocolate está diciendo cómeme, pero no sé... ahora lo veo extraño.
Carlos Moncada, periodista, escritor, compañero y amigo, y coeditor de CHIQUI SWEET, EL LADO DULCE DE LA DIABETES, me invitó a la presentación del libro. Me gustó la portada, me gustó el título y lo poco que leí de él. Antes incluso de que él mismo me invitara, ya había surgido esa chispa que se enciende en mí cuando algo me atrae. Me llegué después de un día intenso, y me quedé, emocionada.
Mi relación con la diabetes no es cercana. Sé que mi abuelo materno tenía "azúcar", así lo conocía yo, pero debía de estar controlada, porque no lo veía ponerse inyecciones ni nada. Sí escuchaba a mi abuela, cuando íbamos en Navidad, quejarse de que mi abuelo comía más dulces de los que debía. "De algo me tengo que morir"- decía, y a escondidas se llevaba un mantecado, o unos dulces y alfajores. Es cierto que no pasábamos mucho tiempo con ellos, porque vivíamos en otra ciudad, pero no recuerdo males mayores.
A quien sí recuerdo que tenía más problemas con la diabetes, era a mi tía Manolita, Manoli para la familia. Al igual que con mi abuelo, la palabra diabetes no estaba en mi diccionario, tenía azúcar. Ella sí se ponía inyecciones, y mis primas y yo lo llevábamos como algo muy natural. Tanto que para nosotras era un juego. Cogíamos las jeringas y jugábamos con ellas a curar los pajarillos que encontrábamos malheridos en el campo. A ella, a mi tía Manoli, más de una vez, sí la ví en cama, supongo que con alguna crisis. Y luego, en la distancia, he sabido que lo pasó mal con la enfermedad y otras complicaciones. Creo que no se cuidaba lo que debía.
Ahora mi relación con la diabetes es por el conocimiento de que tres de mis amigas la tienen, y sólo en conversaciones me han comentado en alguna ocasión, sus revisiones, sus controles antes y después de comer, y poco más.
Por eso creo que también devoré el libro, ya que todo era nuevo para mí, cada paso, cada síntoma, cada solución, todo rodeado de dulzura, de amor y energía, como la propia autora define este libro, y que se siente desde el primer momento que comienzas a leer.
Es un libro que se lee en veinte minutos, pero que puedes disfrutar toda la vida, y si tú también eres una niña o un niño dulce, en él puedes encontrar muchas respuestas, y algo más importante, la tranquilidad de saber que lo que te pasa tiene solución, que sólo es una forma de vida, que la adaptación y el conocimiento te pueden ayudar mucho. Y el cariño, y el amor, y la familia.
Escrito con una sinceridad que impresiona, hasta los más íntimos pensamientos de una madre que se encuentra con algo que no esperaba, y de sopetón. El humor, que en realidad es una careta, una especie de "gafas de sol" que impiden que te vean débil, indefensa; es una característica de quien transmite una lección de vida.
REcomendable, hasta para quien, de momento, no ha sufrido ni en sus carnes ni en las de sus hijos esta circunstancia de vida. Es un libro muy bonito.
Un OLE bien grande para Carlota, para sus hermanas, para sus padres, para su familia y para todos los niños y niñas que  tienen que vivir de otra manera a la que lo hacemos la mayoría. Hay mucho que aprender de ellos y de ellas.
Y un OLE muy grande para Marta García y Carlos Moncada, editores de este bonito libro, para Sofía G. Aubert, la ilustradora, cuyos dibujos enternecen y llenan de vida la historia. 
Una puesta en escena muy original la presentación del libro en Málaga, que tuvo lugar el pasado 2 de julio en la Sala Oyarzábal (antiguo salón de Plenos de la Diputación de Málaga, en el edificio de la Plza de la Marina), bajo la batuta de Carlos Moncada, a la que asistieron Francisco Salado, un representante de la empresa de servicios Clece S.A. (con una importante labor social), quienes acompañaron a Lorena y a los editores, a quienes dedicaron palabras muy bonitas y a quienes esta historia enganchó también desde el principio.

Enlaces relacionados:
FACEBOOK DE CHIQUI SWEET, El Lado Dulce de la Diabetes 
Blog de Lorena CHIQUI SWEET


3 de julio de 2015

EJERCICIOS EN CLASE_OBJETOS

Otro ejercicio de clase de los que a mí me gustaban, las REDACCIONES.
Me inventaba historias irreales, las escribía como si me estuvieran ocurriendo, y creaba un sueño a mi alrededor.... Por eso estos ejercicios me gustaban tanto, era YO.

Jueves, 2 diciembre de 1974

En todas las casas existe un mueble, un objeto, una foto de familia, que con los años ha ido tomando carácter y que está vinculado sentimentalmente a la vida de la familia. Intenta describirlo o hablar de él, de modo que el lector pueda sentirse tan bien como una cosa viva, con personalidad.

"Desde hace varios años, en mi casa pasaba algo extraño. Mi madre guardaba en su armario una caja azul, herméticamente cerrada. Nunca había sacado la caja delante de nosotras y cuando le preguntábamos por ella, se ponía triste y callaba. Cuando mi madre salía, mi hermana y yo intentábamos abrir la caja y saber qué misterio guardaba en ella. Pero nos era imposible, ya que nos costaba tanto trabajo que lo dejábamos por imposible.
Mis padres sostenían largas charlas y a veces disputas cuando hablaban de una misteriosa tela. Al menos eso nos parecía a nosotras, ya que cuando entrábamos, ellos se callaban y cambiaban de tema.
Pero un día llegó una inesperada visita. Era una señora alta, gruesa y los hombros muy anchos, llevaba un paraguas que parecía una jirafa.
A nosotras nos extrañó ver a aquella señora, ya que nunca la habíamos visto y jamás se habló de ella. Sin embargo, al verla, reaccionaron de una manera extraña, como si la conocieran y no les agradara su visita.
Pasaron al salón y comenzaron a charlar. Yo, un poco sobrecogida, abrí la puerta para entrar el café y al hacerlo la señora me miró y se calló. Mi madre tenía una cara de pena, como si algo malo ocurriera.
De pronto oímos que las voces aumentaban y por fin se abrió la puerta. Y algo nos asombró: mi madre, con voz irritada, echaba a esa señora de nuestra casa. 
Mi hermana y yo nos miramos estupefactas y mi madre sonriendo nos pasó a su dormitorio. Abrió el armario y sacó la caja azul. Yo me puse contenta, pero pronto reaccioné al ver que mi hermana me miraba muy seria.
La caja era redonda, muy brillante, y con bellos adornos a su alrededor.
Mi madre, sacando una pequeña llave, se dispuso a abrirla. Bastante trabajo le costó ya que estaba muy dura.
Al fin y con gran alivio por su parte, logró abrirla.
Al contemplar lo que había en la caja, me quedé asombrada. Era un lindo pañuelo de seda, bordado y con unos hermosos encajes confeccionados lo más delicado posible.
MI madre nos contó que se lo regaló una tia suya. Nos dijo que tenía cuatro años más que ella y que la quería mucho, pero por desgracia murió cuando sólo contaba con 16 años.
Yo le pregunté por qué de su misterio y entonces nos dijo:
Antes de morir mi tía, me compró este pañuelo, con los pocos ahorros que tenía. Me lo dió para mi cumpleaños. ella tenía una hermana que le llevaba diez años; era orgullosa y vanidosa y no me quería. Al ver que su hermana me regaló esto, me tomó manía.
Al morir mi tía, su hermana me dijo que algún día me las haría pagar.
Desde hace tiempo intenta quitarme el pañuelo, con las mayores atrocidades.
Hoy le he dicho en su cara lo que es y le he insinuado que como nos molestara más, llamaría a la policía.
- ¿Y se lo ha creído? - preguntó un poco curiosa mi hermana.
- Claro que sí,  -contestó mi madre cariñosamente- se ha ido y no creo que nos moleste más.

Desde aquel día la caja azul está abierta y todos le tenemos un gran cariño al pañuelo y un recuerdo entrañable.
Nunca más se habló de aquella señora y sus palabras y amenazas no dejaron huella en nuestra familia, muy al contrario, borraron todos los malos recuerdos que guardábamos.
Ahora, la familia está más unida, y al hallazgo de la caja, una larga historia comienza de nuevo.


Al tiempo, cuando leo esto que escribí con tan solo 12 años, no me queda otra que sonreir.



EJERCICIOS EN CLASE_VISUALES

No tenía los 11 años, cuando en clase de lengua y literatura ya nos pedían, todas las semanas, que redactáramos, sobre temas en concretos que nos proponía la profesora.
Para mí era el ejercicio que más me gustaba, porque dejaba volar mi imaginación, totalmente libre.
Entonces podía ser lo que yo quisiera, podía escribir sobre el sueño más disparatado, o cometer la locura más inverosímil... si sólo era una redacción, no traería ninguna consecuencia.
En esta ocasión, nos pedían que hiciéramos un recorrido VISUAL y contáramos qué veíamos, qué sentíamos, etc.
Y aquí mi propuesta:






Ahora mismo, estoy en casa sola. Nadie más me acompaña. EStoy bastante aburrida y no encuentro nada con que pasar el rato.
De pronto descubrí que había un gran paquete de revistas, y se me ocurrió mirarlas y ojearlas un poco. Al principio, en las primeras páginas, sólo se veían anuncios de poca monta, unas gafas, una  muñeca, etc. Pero algo más había en el interior de la revista.
Después de pasar varias hojas sin novedad, había una con unas características principales. Era un paisaje del mar. Se veía que estaba en calma y en sus aguas tan claras, se reflejaba el vuelo de un lindo pájaro.
Tras mirar este bello paisaje, estaba como soñando, como si fuera sobre dos nubes y viera un gran océano, y cayera en él.
Esto pasa cuando descubro que un pequeño apartado hay dos pequeños jugando. Es un prado cubierto de un tupido manto de olorosa hierba. Me imagino que será olorosa porque se ve un verde fresco.
Al contemplar esta hermosa escena, parece que esto relajada.
El verde es un bonito color, que está en la naturaleza. La hierba, los árboles, las matas, y otras tantas cosas más que alegran el ambiente.

En estos momentos, cuando estoy escribiendo, me encuentro en una pequeña habitación, vacía, sólo estoy yo, una mesa, una silla y unos colchones roídos. El sol penetra por una pequeñísima ventana que hay en el techo.
Todo está en silencio, sólo se oye la punta del bolígrafo escribiendo, en continuo movimiento y el maullar de un gato, que da vueltas sobre el tejado. El olor de esta habitación es el característico de algo vacío, con pequeñas modificaciones y con un suave olorcillo a madera chamuscada.
Parece como si estuviera sola en el mundo, como si nadie viviera, sólo un pequeño gato y yo. Entonces, sobre tal pensamiento, dejo esta habitación y la cierro fuertemente.
Ahora voy a la catedral, está cerca de casa y no me cuesta trabajo. Al entrar me ha dado un nosé qué en el corazón.
en la calle había jaleo y bastante barullo, y al entrar aquí, parece como si todo hubiera acabado de repente. ES inmensamente grande y las muchas personas que en estos instantes estamos allí, parece que no ocupamos nada.
Un suave aroma se desprende en el aire y se esparce por toda la nave. Parece como si voláramos por los aires, escuchando la deliciosa melodía de un órgano.
He salido de la catedral y de nuevo escucho el barullo de niños corriendo, parejas que charlan, hombres que discuten, etc. 
Se me ocurre subir a una torre. ¿Por qué no? Sería maravilloso.
Estoy subiendo muchas escaleras, hasta llegar a una gran puerta. la he abierto con gran dificultad, pero al fin se abre.
Me asomo por los arcos que hay y veo a la gran ciudad muy pequeña.
Es como si  yo fuera la dueña de la ciudad, y estuviera observando mis territorios. Estoy orgullosa de ellos y me da gran alegría.
Todos mis sueños se acaban, ya es mediodía y tengo que volver a casa.
¡Lástima! Ahora tengo que volver y hacer todo lo que hago todos los días: comer, fregar, aburrirme. ¡Enfín!
Otro día seguiré soñando porque también de sueños vive el hombre.



28 de octubre de 2014

NO TENGO EDAD PARA AMAR (pensamientos de una niña enamorada)

El primer amor es el que más marca. Se despiertan esos sentimientos que duelen, que queman, que hacen que tu corazón salte, ya sea de alegría o de dolor. El mundo que te rodea no tiene importancia si no eres correspondido o correspondida. Todo lo llena el recuerdo de esa persona. Tus pensamientos, tus horas del día, tus sueños, tus éxitos y fracasos, tu respiración.

Y ese primer amor, platónico, fue tan intenso, que no paraba de escribir en papeles y hojas lo que sentía.
Hoy, después de 38 años, me encuentro otras dos hojas arrancadas de un cuaderno, grapadas para no perderlas, donde grabo para siempre lo que pensaba, lo que sentía, lo que me hacía soñar, y llorar....


"NO tengo edad para amar, no tengo edad para sentir ese fuego que quema. Pero siento algo dentro de mí, algo que fluye como el agua de una fuente, algo que irradia rayos centelleantes, algo que corroe mis entrañas.
Siento dolor y pena, cansancio y tristeza, agonía y esperanza. Todo se funde en una misma pasión.

Tus palabras me llegan hasta dentro. Cuando hablan todo se vuelve diferente, tu voz se oye misteriosa, lejana, sumida en una dulce melodía.
Tu mirada penetra en mi corazón. Cuando mis ojos se encuentran con los tuyos, palidezco al verme tan cerca de ti, me avergüenzo de que fijes tu mirada en mi, y al mismo tiempo, siento un ligero escalofrío que recorre todo mi cuerpo.

Dime, ¿acaso esto no es AMOR?

Cuando tu mano se ha acercado a mi mano, aunque solo fuera por un instante, he visto cómo se ha levantado el mundo, he visto estrellas flotando sobre el agua, peces volando sobre el cielo. Y he temido que la soltaras; he temido que dejaras caer tu mano y dejaras la mía indefensa, sin apoyo. Entonces he comprendido que te necesitaba.

Cuando me encuentro a tu lado todo es distinto. La vida me parece más bella, la tierra que piso es de plumas, y el aire que respiro es aroma de flores.

Dime, ¿acaso esto no es AMOR?

Sin embargo, mis quince recién cumplidos años me obligan a no pensar en ello, a no pronunciar la palabra... Aunque...si no lo hago.... ¿qué gano con ello?

Quizá no pueda alcanzar tu corazón, quizá mi pasión no sea tan fuerte para que penetre hasta ti, o quizá tú tengas ocupado el corazón y ya no quepa ni el aire.

Pero, he logrado tu amistad, tu amistad simplemente como amigo, y eso es algo muy importante.

Tener un amigo es tener un tesoro.
La amistad, por encima de todo, es la reina del mundo; la simpatía, la cordialidad, la paz... Y eso es precisamente lo que busco de ti, lo que te pido, que me des, un poco de afecto, un poco de cariño.

Estos sencillos pensamientos se resumen en unas cortas frases, en las cuales expreso mi deseo por ser tu amiga, simplemente.... tu amiga." (J-4).

Con qué poquito nos conformábamos, cuando el amor era imposible, con la amistad. 
J-4 era el código que ponía a mis escritos, relativo a quien en ese momento ocupaba mi corazón. En este caso, mi primer amor, Juan Viedma Deña.





9 de octubre de 2014

ASÍ ES LA VIDA... ¡y virgencita, que me quede como estoy! (relato)

ASÍ ES LA VIDA


        Son casi las tres de la tarde, aún hace calor, pero los días son cada vez más cortos. El otoño ya está aquí, aunque nos cueste hacernos a él.
        Salgo del trabajo y me voy con una compañera que me deja en la esquina de siempre,  y estoy cerca de mi casa. Hago el mismo recorrido. Paso por las mismas calles de siempre. Están casi vacías, digo casi, porque anda un gato por ahí, lentamente, rebuscando y olisqueando en una bolsa rota que hay en el suelo. Me quedo mirándolo, pensando en mi Lía, lo calentita que está en mi casa, y ese pobre, ahí está, todo esmirriáo, sucio, pasando frío y buscando algo que echarse a la boca.
            -¡Ay! –un suspiro se me escapa mientras sigo caminando.

        Voy más lenta que otros días,  disfrutando cada detalle de esa calle que no conozco, aun pasando por ella todos los días. Nunca me había fijado a estas horas, cuando todo está más en calma.

        Los comercios están cerrados: el pub de la esquina, con las luces apagadas, sin ruido;  la mercería de Juan, con el candado echado; y esa peluquería nueva, moderna, adornada en negro y rojo:
        En su escaparate, de grandes cristaleras, en letras muy grandes y llamativas aparece un rótulo que pone:
-         ¡PROMOCIONES ESTE MES! :UÑAS DE GEL, 20%,
-         FOTODEPILACIÓN, 30%,
-         MASAJE, 50%!

            - Debería de hacerme un masaje, ¡estaría bien! –comento para mis adentros.

            Me cruzo con dos chavales que van a toda prisa. Vienen del Instituto y se han entretenido por que el más moreno le cuenta al otro, su vecino, que la niña del 3º E, Elena, está por él. Se lo ha dicho la Pepi.
-         ¡tío, estás flipao!, No te creas nada de la Pepi, es una mentirosa.

            Se siguen riendo mientras aligeran, porque su familia les estará esperando con la comida en la mesa.
            
        Al volver la cara hacia delante, después de que mis ojos siguieran a estos dos chavales, con sus mochilas a la espalda, y con los pantalones caídos, me tropiezo con una mujer mayor, que arrastra los pies, empujando un andador. A su lado camina una señora de unos cuarenta años, de piel morena, muy morena, casi negra, sin maquillaje y con el pelo recogido en una cola alta. Viste una sencilla camisa de color crudo, y una falda marrón que le tapa las rodillas. Completa su atuendo con una chaqueta antigua, y unas botas altas, muy desgastadas.
            Ella va cantando, muy cerca del oído de la mujer mayor,
            - ¡Corriendo no, corriendo no, cantando!-

            Suena muy dulce y cariñoso. Me sorprende la calidez de la voz y de la
canción. Sonrío.
            La mujer mayor, tiene las manos muy deterioradas, y se agarra al andador con fuerza, mientras continúa su camino, lentamente. Tiene una mirada profunda y siempre se la ve buscando la otra la mirada.

          Se paran un momento. A su acompañante se le ha caído un papel, que se apresura a coger, con desesperación, como si no quisiera que se hiciera daño, como cuando coges a un niño pequeño que ha tropezado. Me sorprende esta reacción, y me doy cuenta  que es una hoja escrita a mano.
            La señora mayor  aprieta el andador, mientras le dirige una larga y profunda mirada. Sus ojos se han llenado de lágrimas. Parece que su lenguaje se basa en las miradas, cargadas de historias. Una historia de muchos años de luchas, de sacrificios, de sinsabores, de pérdidas familiares. Una historia de soledad en el ocaso de la vida. Y la otra historia de lucha, superación, una hija que se va demasiado pronto, un viaje largo, soledad. Dos historias que se encuentran. 

            El andador...,  mis ojos vuelven al andador. Es de una forma sencilla, de color oscuro. Nada de particular, pero que llama enormemente mi atención. 

            Sigo caminando pensando en el andador, en las historias, en la canción, en las miradas y me detengo un momento mientras miro un escaparate adornado para la Navidad,  y recuerdo el andador que le compramos a mi niño, cuando comenzó a andar, para que le ayudara a ir más firme y seguro en sus primeros pasos. Ahora, casi al final de su vida, esta señora, recurre también a un andador, para ayudarse también a caminar firme y segura.
            - ¡Cómo es la vida! ¡cómo después de tanto años volvemos a ser como niños pequeños! Necesitamos algo a lo que agarrarnos, y a alguien que nos cuide. Suspiro y vuelvo la vista atrás.

            Y aquí está ella, la mujer de piel tan morena, tan morena que parece negra. 
            Después de recoger el papel arrugado, se paran a descansar, y ella se acerca a su acompañante con mucha delicadeza. Le sonríe tímidamente mientras le ayuda a sentarse en un banco, y dejan el andador junto a ellas. Nuestras miradas se han cruzado.¡Otras vez las miradas, lenguaje universal, secreto, sincero!

            La suya es muy limpia, y se queda un momento perdida. Sus ojos son oscuros, y veo en ellos la nostalgia de una familia que ha dejado lejos, muy lejos, mientras ella está aquí en España, para trabajar y mandarles dinero. Seguramente tendrá unos padres que la añoran, y unos hijos que la echan de menos. Y esa hija perdida en la más bella de las edades. Pero su corazón sigue con ellos. Ella soñará en que su vida mejore muy pronto, porque ya le toca.
            ¿pasará las Navidades sola?, ¿o estará con algún compatriota?.

            Me sonríe, de nuevo tímidamente y agacha la cabeza.
           
Coge  la mano de la mujer mayor, con suavidad, para animarla a que la acompañe, y vuelve a susurrarle la misma canción: - ¡corriendo no, corriendo no, cantando!.
            Mientras contemplo cómo emprenden la marcha,  haciéndose cariñosa compañía la una a la otra, aligero el paso, con la cabeza más alta, y una sonrisa renovada, y pensando, para mis adentros:

            - Vengo de mi trabajo, bien remunerado,  donde aprendo algo todos los días, y me dirijo a casa, donde me esperan mi marido y mis hijos; y mi gata, que estará detrás de la puerta, esperando a que llegue para hacerme carantoñas y para que le de su comida preferida, y después, echarse a dormir, una larga siesta, en el mejor sillón de la casa.

19 de junio de 2013

AUSENCIA


Cuanto más tiempo pasa, más echo de menos a la persona de mi vida que se marchó pronto.
Cuanto más tiempo pasa, más necesito de sus conversaciones, de sus  experiencias y de sus consejos.
Hermana, no sé si algún día nos encontraremos en algún lugar, y podremos volver a compartir juegos y risas.
No sé si algún día podré contarte cuánto dolor hubo en la familia. Cuánto dolor en mamá, que nunca ha dejado de quererte. Cuánto dolor escondido. Si algún día nos encontráramos...
Si eso sucediera, entonces podré contarte cuánto te extrañé el día de mi boda.
Y también podré contarte que me faltaste cuando me quedé embarazada por primera vez, que quise compartir mi alegría contigo, y que me sentí un poco vacía... Podré contarte qué sentí durante mis tres embarazos, y que mientras cuidaba de mis hijos dentro de mí, pensaba qué sentirías tú, cómo llevarías el embarazo, qué les  dirías a tus hijos, cómo los abrazarías y cuidarías. 
¡Cuánto amor te has llevado contigo!
Y también te contaré cómo crié a tus sobrinos, cómo jugué con ellos, cómo les hablé de tí, y cuántos abrazos y besos se han perdido. Ellos también te han extrañado. Aunque siempre has estado presente en sus vidas.
Y mientras mis hijos persiguen sus sueños, y alcanzan sus metas, también pienso en si tú los estarás siguiendo.. 
A tí y a su tía Encarni, os dedico cada uno de los temas que Laura canta, y me pregunto si os estará gustando, si estaréis aplaudiendo. Y cada cuadro que Manuel pinta, una sonrisa y un recuerdo va para vosotras. Y  cuando Carlos cuenta sus proyectos, pienso que os gustaría saber todos los detalles.
Hermana, si algún día nos encontráramos en algún lugar, déjame que te dé todos los abrazos que nos han faltado, todos los besos que pudimos darnos y se nos negaron, todos los "te quiero" que se quedaron en el aire.
Por tí, hoy, quiero dar más abrazos y más besos.
Por tí y por Encarni, hoy busco un mundo más feliz, y menos egoísta.
Que vuestra ausencia no sea en vano.
Allá donde estéis las dos, os envío, esta noche, un beso, un abrazo y un "te quiero".