13 de enero de 2010

DETENER EL TIEMPO

agosto, 2007. En casa. Una noche

"Es la 1 y 20 minutos de la madrugada. Ya es día 15 de agosto.
¡Si pudiera detener el tiempo,  en este instante,  ni uno más, ni uno menos!.
Que todo quedara como está. Sería lo ideal.
Laura, a punto de cumplir 19 años, tan guapa, con sus "sueños de cantar" -cada vez más convencida-  de cara al público; preparando las canciones para el próximo concierto familiar, y cantándole, por lo bajito, a ese amor que le robó el corazón hace unos años, y que aún la hace dudar.
Manuel, que "juega" y "sueña" a ser futbolista, y arranca a correr tras el balón, y a dominarlo, a hacerse con él. Y en sus ratos libres, también le arranca unos acordes a esa guitarra, que poquito a poco se está acercando a él. Sin llamar a la puerta, se está metiendo en su vida.
Los dos, en la cama, a estas horas, con la luz de una bombilla y el sonido de un ventilador, leyendo un libro.
Laura, cómo no, "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus"; Manuel, uno de aventuras, juvenil, de Carlos Ruiz Zafón. Le ha costado arrancarse a leer, pero feliz de que disfrute con este escritor. 
Manolo, el PADRE en mayúsculas, después de dar unos cuantos viajes con el coche, atender a sus padres, y observar con mimo a su hijo y a su hija, descansa, sorprendentemente, con otro libro en las manos, que prometió a Manuel que leería. ¡Otra cosa es que termine de hacerlo!
No me olvido de Carlos, el mayor, con 21 años, la mayoría de edad, estudiando fuera. En su casa de alquiler, compartiendo piso con su novia. Sé que ahora, allí, es feliz. Esta casa, su casa, ahora se le viene pequeña. Después de unos años fuera, se siente extraño. Se siente encerrado. Necesita volar y encontrar su espacio. Ahora me arrepiento, a veces, de no haber luchado por una casa más grande, con más habitaciones. ¡las casas deberían ser como de chicle y que se pudieran estirar!
Y yo, con este dolor de cabeza que me asusta. Me he tomado algo para aliviarlo. No lo consigo. Quiero descansar. 
Cierro los ojos, los libros se van cerrando, las luces apagándose, y el roce de las sábanas en mi cuerpo es el único ruido; un suave ronquido en la habitación de mis hijos anuncia que han caído en el sueño.
El sueño de ella, de él. Sus sueños."

11 de la mañana, del mismo día

"El silencio de la noche, la calma nocturna...
Todo queda atrás. Han pasado diez horas escasas, y todo ha cambiado.
La luz de día despierta los pensamientos, la realidad cae de golpe.
Una llamada de teléfono me ha dejado cavilando. No quiero que la realidad del día caiga así.
Quiero volver a la placidez de la noche, donde los sueños se realizan. 
¡Si hubiera podido detener ese instante!
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6 comentarios:

Penny dijo...

Precioso y maravillos relato!

Petonets.

silvia dijo...

Precioso relato, si es cierto ,si pudieramos detener el tiempo ,sería maravilloso,poder deleitarnos con un momento,con nuestros seres queridos sería magnifico,el tiempo pasa tan rápido ,que en ocasiones ni nos damos cuenta,y pasamos por alto pequeños momentos diarios, y que luego a largo plazo ,al reflexionar nos damos cuenta de que no hemos sabido disfrutar de ello.

Besos.

Anónimo dijo...

peró qué espacio más bonito tienes. He llegado aquí por casualidad, y aquí estaré de vez n cuando.
Unos recuerdos muy bonitos, y muy plasmadosen hojas en blanco.
Gracias por abrirnos tu corazón, porque de verdad que es un aire fresco em esta vida tan ajetreada.
sigo esperndo que publiques. A ver qué será lo próximo.
Mª Carmen

Anónimo dijo...

el ordenador va por su sitio y yo por el mí.
quería decir que los recuerdos estaban muy bien plasmados. Se reconocen.
Mª Carmen

Rafa Ponce dijo...

Precioso, da gusto leerte, gracias.

Fali

Laurita dijo...

Yo que padezco de migrañas y no sé como pudiste escribir este relato tan sosegante doliéndote la cabeza. Supongo que ese ambiente tan silencioso y apaciguador te ayudó a que se te quitara. Yo cuando tengo dolor de cabeza no soy capaz de coger un lapiz y papel para escribir...
Precioso, Mª Ángeles, qué decir...