11 de febrero de 2019

UN AMOR DE PELÍCULA

Demasiado pronto para contar historias, aunque la vida siempre es historia, sea mañana o bien entrada la noche; llueva o luzca el sol.

Allá por el mes de agosto de hace poco más de un año, sucedió tal cual os cuento.

Esa mañana, bien temprano, bajamos Duque y yo a la calle, y ya se avecina un día de calor  agobiante, por lo que se agradece la hora del paseo.

Este caniche blanco y ensortijado, me mira sorprendido; creo que se ha percatado del madrugón, aunque no parece importarle demasiado por cómo mueve el rabo.

La luna, la misma luna de la otra noche, está a mi derecha, sobre el bloque de viviendas en el que viví hace años y donde conocí al que más tarde sería mi marido.

Y me asaltan los recuerdos de aquella trágica noche del 23 de agosto de hace ya...

Esta misma luna podía haberla salvado, o ¿quizá fue ella quien se la llevó?

No sé qué luna brillaba, pero sí que marchó con las estrellas, y dejó un gran vacío en nuestras vidas y una pena muy grande.

Aparto este pensamiento y miro a la luna: esta noche ni me sonríe ni se burla de mí. Hoy duerme.

No me gusta saber más allá de la curiosidad sana, pero una pareja que camina lentamente, llama mi atención. Yo pensaba que a estas  horas toda la gente dormiría.

Caminan con dificultad. Ella, más bajita que él, casi arrastra los pies. Él, con pantalón corto, sin camisa y con chanclas, le habla. Ella responde, y en el silencio de esa madrugada, se escucha con nitidez que tampoco habla con claridad.

No me gusta saber de la vida de las demás personas, no me interesa salvo que precisen de mí; pero esta pareja sí lo hace durante minutos. Me pregunto qué harán que no duermen. ¿Pasarán calor? Van muy juntos el uno a la otra; él rodea su cuerpo por los hombros y se le intuye un brazo fuerte, que la sujeta y casi le ayuda a desplazarse.

Entran en el bloque de viviendas y desaparecen, mientras se les ve andar, como desde el principio, torpemente.

Desaparecen de mi vista y me sorprendo a mí misma observándoles, preguntándome si volvían de la feria con unas cuantas copas de más, o un accidente o enfermedad minaba el cuerpo y el habla de ella.

Sea lo que fuera, ese brazo moreno que rodea su cuerpo, esas palabras que él le dirige, con calma, con respeto y paciencia, con cariño; esa unión de dos personas que pasean al despuntar el día, me emociona. Me emociona, que a pesar de la fragilidad de ella, de un momento quizá malo en su vidsa, él esté a su lado.

Duque tira de la correa y nos vamos.

Los recuerdos pasados se mezclan con el presente, y una canción suena en mi cabeza. La dejo ahí que suene sola, porque si tarareo mientras la escucho, como suelo hacer cuando un tema llega a mí sin buscarlo, sé que lloraré.

Ⱊ"Dónde estás corazón, no oigo tu palpitar  es tan grande el dolor, que no puedo llorar, yo quisiera llorar y no tengo más llanto, la quería yo tanto y se fue, para nunca volver"Ⱊ.

Aparto pensamientos que duelan, y mientras vuelvo a casa, me recreo en esa imagen, en esa pareja, en ese abrazo, en ese tono de voz con que le habla....

Me quedo con la mañana que me regala una escena de un amor de película.