3 de julio de 2015

EJERCICIOS EN CLASE_VISUALES

No tenía los 11 años, cuando en clase de lengua y literatura ya nos pedían, todas las semanas, que redactáramos, sobre temas en concretos que nos proponía la profesora.
Para mí era el ejercicio que más me gustaba, porque dejaba volar mi imaginación, totalmente libre.
Entonces podía ser lo que yo quisiera, podía escribir sobre el sueño más disparatado, o cometer la locura más inverosímil... si sólo era una redacción, no traería ninguna consecuencia.
En esta ocasión, nos pedían que hiciéramos un recorrido VISUAL y contáramos qué veíamos, qué sentíamos, etc.
Y aquí mi propuesta:






Ahora mismo, estoy en casa sola. Nadie más me acompaña. EStoy bastante aburrida y no encuentro nada con que pasar el rato.
De pronto descubrí que había un gran paquete de revistas, y se me ocurrió mirarlas y ojearlas un poco. Al principio, en las primeras páginas, sólo se veían anuncios de poca monta, unas gafas, una  muñeca, etc. Pero algo más había en el interior de la revista.
Después de pasar varias hojas sin novedad, había una con unas características principales. Era un paisaje del mar. Se veía que estaba en calma y en sus aguas tan claras, se reflejaba el vuelo de un lindo pájaro.
Tras mirar este bello paisaje, estaba como soñando, como si fuera sobre dos nubes y viera un gran océano, y cayera en él.
Esto pasa cuando descubro que un pequeño apartado hay dos pequeños jugando. Es un prado cubierto de un tupido manto de olorosa hierba. Me imagino que será olorosa porque se ve un verde fresco.
Al contemplar esta hermosa escena, parece que esto relajada.
El verde es un bonito color, que está en la naturaleza. La hierba, los árboles, las matas, y otras tantas cosas más que alegran el ambiente.

En estos momentos, cuando estoy escribiendo, me encuentro en una pequeña habitación, vacía, sólo estoy yo, una mesa, una silla y unos colchones roídos. El sol penetra por una pequeñísima ventana que hay en el techo.
Todo está en silencio, sólo se oye la punta del bolígrafo escribiendo, en continuo movimiento y el maullar de un gato, que da vueltas sobre el tejado. El olor de esta habitación es el característico de algo vacío, con pequeñas modificaciones y con un suave olorcillo a madera chamuscada.
Parece como si estuviera sola en el mundo, como si nadie viviera, sólo un pequeño gato y yo. Entonces, sobre tal pensamiento, dejo esta habitación y la cierro fuertemente.
Ahora voy a la catedral, está cerca de casa y no me cuesta trabajo. Al entrar me ha dado un nosé qué en el corazón.
en la calle había jaleo y bastante barullo, y al entrar aquí, parece como si todo hubiera acabado de repente. ES inmensamente grande y las muchas personas que en estos instantes estamos allí, parece que no ocupamos nada.
Un suave aroma se desprende en el aire y se esparce por toda la nave. Parece como si voláramos por los aires, escuchando la deliciosa melodía de un órgano.
He salido de la catedral y de nuevo escucho el barullo de niños corriendo, parejas que charlan, hombres que discuten, etc. 
Se me ocurre subir a una torre. ¿Por qué no? Sería maravilloso.
Estoy subiendo muchas escaleras, hasta llegar a una gran puerta. la he abierto con gran dificultad, pero al fin se abre.
Me asomo por los arcos que hay y veo a la gran ciudad muy pequeña.
Es como si  yo fuera la dueña de la ciudad, y estuviera observando mis territorios. Estoy orgullosa de ellos y me da gran alegría.
Todos mis sueños se acaban, ya es mediodía y tengo que volver a casa.
¡Lástima! Ahora tengo que volver y hacer todo lo que hago todos los días: comer, fregar, aburrirme. ¡Enfín!
Otro día seguiré soñando porque también de sueños vive el hombre.