6 de julio de 2015

CHIQUI SWEET, EL LADO DULCE DE LA DIABETES. VEINTE MINUTOS DE UN EJEMPLO DE VIDA

Veinte minutos separan en el tiempo el centro de Málaga y mi casa. Veinte minutos andando, despacito.
En mitad del camino se me ocurre sentarme a resguardarme del calor y del cansancio. Abro el libro de la presentación a la que he aistido hoy y empiezo con el saludo, luego la introducción, y deSpués el prólogo, para finalmente llegar al primer capítulo con el que, literalmente, me quedo enganchada.
Es el libro de una madre, Lorena, que relata cómo descubren que su pequeña de tan sólo 5 años, tiene los niveles de azúcar muy altos. Y ahí empieza su historia, su sentir, su vivir.
Me engancha la forma de hablar. Sí, de hablar, porque es como si escuchara a Lorena contándome todo, paso a paso, momento a momento. Vivo el ayer y el hoy, casi en primera persona.
Me incorporo y sigo mi camino, pero en esta ocasión lo hago pegada al libro, leyendo cada palabra con ansiedad, esperando a la siguiente. No descuido mi entorno, al que presto la atención necesaria para no tener accidentes, mirando de reojo, sólo de reojo,  los semáforos, las aceras, la gente que pasa a mi alrededor.

No existe tiempo, no existe distancia, no quiero llegar a casa. Retardo mis pasos, me entretengo más de lo habitual en los cruces, ávida de historia, ávida de saber más...
Al entrar al casa no quiero ruidos, sólo quiero seguir concentrada en el libro. No puedo apartar los ojos y los sentidos de la lectura, de la historia; quiero saber cómo sigue Carlota, cómo reacciona su madre, qué pasa ahora.
Las lágrimas ya han aflorado en varias ocasiones, sobre todo cuando Lorena nos presenta a Alfredo, el padre, preocupado como ella, pero distinto en transmitir lo que siente, tomando la noticia como se suele decir "por los cuernos", y que sin embargo caminan juntos en todo, se complementan. Cómo presenta a sus padres,  a quienes quiere más, si cabe, a raiz de esta circunstancia;  a su suegra, a quien entiende más a partir de este momento, y como no podía ser menos, cuando en sólo dos párrafos nos describe a su hermano Emilio, al tío Emilio, ese ser bondadoso y que nunca les falla. ¡Otra vez las lágrimas!. Al igual que Lorena soy de lágrima fácil cuando se trata de sentimientos.
Me quedo en la cocina, sentada en la escalerilla, lo primero que pillo. Esta habitación, mi refugio, mi lugar de "creación" está llena de cacharros al haber realizado cuatro bizcochos que me habían encargado. Huele a vainilla, chocolate, canela, naranja.... Miro el bizcocho que reposa sobre la encimera. ¿por qué lo veo ahora tan extraño, tan lejano? No puedo dejar de pensar en Carlota.
De urgencias voy a por un ventilador, porque además de las lágrimas, también caen gotas de sudor, qué calor. Pero yo sigo inmenrsa en este quehacer que me ha enganchado. Mis hijos entran y salen y me observan extrañados.
Vuelvo a la cocina,  ventilador funcionando a tope, y Darwin, mi gato, se ha sentado en el suelo a mi vera. ¡Aquí hoy no se come!
Devoro las hojas que me restan, una tras otra. Poco sabía de la diabetes, y menos cuando afecta a los más pequeños. Pero en veinte minutos, casi he aprendido más que en meses, en los diez meses que lleva Carlota, como dice su madre, desde que debutó como "terrón dulce". Me encanta cómo la llama, "eres un terrón".
Carlota es una niña de tan solo 5 años, fuerte, valiente, con esa inocencia que todo lo quiere saber, pero que acepta los cambios en su vida mejor que cualquier persona adulta. Esa capacidad de adaptación ante una situación crítica sorprende en una niña tan pequeña. Me enternece cuando su madre dice que no le gusta la leche sola, y sin embargo, su primer vaso sin cacao se lo toma sin rechistar. ¡Es un cielo! Al igual que se relata en el libro, ¡Me la habría comido a besos!
En tan solo veinte minutos que separan el centro de mi casa, he vivido esos diez meses, he sufrido, he reido y he llorado. Y he aprendido, y mucho.
El bizcocho de chocolate está diciendo cómeme, pero no sé... ahora lo veo extraño.
Carlos Moncada, periodista, escritor, compañero y amigo, y coeditor de CHIQUI SWEET, EL LADO DULCE DE LA DIABETES, me invitó a la presentación del libro. Me gustó la portada, me gustó el título y lo poco que leí de él. Antes incluso de que él mismo me invitara, ya había surgido esa chispa que se enciende en mí cuando algo me atrae. Me llegué después de un día intenso, y me quedé, emocionada.
Mi relación con la diabetes no es cercana. Sé que mi abuelo materno tenía "azúcar", así lo conocía yo, pero debía de estar controlada, porque no lo veía ponerse inyecciones ni nada. Sí escuchaba a mi abuela, cuando íbamos en Navidad, quejarse de que mi abuelo comía más dulces de los que debía. "De algo me tengo que morir"- decía, y a escondidas se llevaba un mantecado, o unos dulces y alfajores. Es cierto que no pasábamos mucho tiempo con ellos, porque vivíamos en otra ciudad, pero no recuerdo males mayores.
A quien sí recuerdo que tenía más problemas con la diabetes, era a mi tía Manolita, Manoli para la familia. Al igual que con mi abuelo, la palabra diabetes no estaba en mi diccionario, tenía azúcar. Ella sí se ponía inyecciones, y mis primas y yo lo llevábamos como algo muy natural. Tanto que para nosotras era un juego. Cogíamos las jeringas y jugábamos con ellas a curar los pajarillos que encontrábamos malheridos en el campo. A ella, a mi tía Manoli, más de una vez, sí la ví en cama, supongo que con alguna crisis. Y luego, en la distancia, he sabido que lo pasó mal con la enfermedad y otras complicaciones. Creo que no se cuidaba lo que debía.
Ahora mi relación con la diabetes es por el conocimiento de que tres de mis amigas la tienen, y sólo en conversaciones me han comentado en alguna ocasión, sus revisiones, sus controles antes y después de comer, y poco más.
Por eso creo que también devoré el libro, ya que todo era nuevo para mí, cada paso, cada síntoma, cada solución, todo rodeado de dulzura, de amor y energía, como la propia autora define este libro, y que se siente desde el primer momento que comienzas a leer.
Es un libro que se lee en veinte minutos, pero que puedes disfrutar toda la vida, y si tú también eres una niña o un niño dulce, en él puedes encontrar muchas respuestas, y algo más importante, la tranquilidad de saber que lo que te pasa tiene solución, que sólo es una forma de vida, que la adaptación y el conocimiento te pueden ayudar mucho. Y el cariño, y el amor, y la familia.
Escrito con una sinceridad que impresiona, hasta los más íntimos pensamientos de una madre que se encuentra con algo que no esperaba, y de sopetón. El humor, que en realidad es una careta, una especie de "gafas de sol" que impiden que te vean débil, indefensa; es una característica de quien transmite una lección de vida.
REcomendable, hasta para quien, de momento, no ha sufrido ni en sus carnes ni en las de sus hijos esta circunstancia de vida. Es un libro muy bonito.
Un OLE bien grande para Carlota, para sus hermanas, para sus padres, para su familia y para todos los niños y niñas que  tienen que vivir de otra manera a la que lo hacemos la mayoría. Hay mucho que aprender de ellos y de ellas.
Y un OLE muy grande para Marta García y Carlos Moncada, editores de este bonito libro, para Sofía G. Aubert, la ilustradora, cuyos dibujos enternecen y llenan de vida la historia. 
Una puesta en escena muy original la presentación del libro en Málaga, que tuvo lugar el pasado 2 de julio en la Sala Oyarzábal (antiguo salón de Plenos de la Diputación de Málaga, en el edificio de la Plza de la Marina), bajo la batuta de Carlos Moncada, a la que asistieron Francisco Salado, un representante de la empresa de servicios Clece S.A. (con una importante labor social), quienes acompañaron a Lorena y a los editores, a quienes dedicaron palabras muy bonitas y a quienes esta historia enganchó también desde el principio.

Enlaces relacionados:
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Blog de Lorena CHIQUI SWEET