30 de marzo de 2011

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA BODA, LA MÍA

Quienes me conocen mucho, o de muchos años, saben que el día de mi boda fue un día muy especial. Una boda soñada y muy emocionante. Una boda donde rompía con un pasado, e iniciaba un futuro lleno de ilusiones.
Como tantas novias, esperaba ese día con mucha ilusión, y también deseaba que todo saliera bien.
Y como sabéis, tuvo sus fallitos, que unos años después, sólo arrancan en mí sonrisas y carcajadas.
Pues empiezo.
Mi historia de amor comenzó tres años antes.
Me trasladé a Málaga, a un bloque de viviendas de una avenida de Málaga, con 17 años, sin conocer a nadie.
Uno de mis vecinos, muy discreto, muy educado y muy guapo, se fijó en mí. Yo no me dí cuenta, pero él esperaba en la puerta del bloque a que yo pasara, y casualmente siemrpre me lo encontraba.
Que si había ido a comprar sellos, que si venía de estudiar, que si esperaba a su padre, que si había bajado a ver la moto de sus hermanos...
Excusas para verme cuando venía yo del instituto. Y yo, tonta de mí, ni me dí cuenta.
Un día invitó a mi amiga Sole y a mí a su casa a ver su equipo de música. En aquellos años él había trabajado y le gustaba mucho la música. En su casa había una habitación donde dormían los tres hermanos, que se convertía durante el día en una habitación de estar, con música, sillas, y luces en el techo, imitando una discoteca.
A mi amiga Sole le gustaba, y vió el cielo abierto cuando nos invitó a su casa.
A la salida, mi amiga me comentó que no tenía nada que hacer, que sólo tenía ojos para mí.
Desde entonces, poquito a poco fue enamorándome, y ahí comenzó nuestra historia de amor.
Por un asunto familiar grave, me fui a Jaén y estuvimos tres años separados. Nuestra historia pasó por un gran obstáculo: la distancia. Pero no pudo con nosotros, y continuamos adelante.
Poco tiempo antes de nuestra boda, él estaba inseguro de lo nuestro, ya que la separación era dura. En aquellos años no podíamos vernos como queríamos; viajes interminables que duraban 5 horas de ida, y 5 de vuelta, para vernos sólo unas pocas horas, y tampoco podíamos hacerlo en la intimidad. ¡Eran otros años!
Pues en una fiesta, tuve que pedirle que se casara conmigo. jajajajaj, bueno, en realidad, fue en una fiesta de despedida de solteros que hicimos con amigos y amigas, de Málaga y Jaén, y el vinito hizo todo lo demás, jajajajja.
Siempre he sido muy romántica, y me ví todas las películas de "Sissi Emperatriz". Las películas que había antes, que sólo había dos cadenas, y los sábados echaban sesiones interminables de películas rosas.
Yo veía esas bodas de princesas y reinas, con unas largas alfombras rojas, con damas de honor vestidas iguales, con muchas flores, y con un guapo príncipe a su lado.
Yo tenía el príncipe, me faltaba todo lo demás.
Pues cuando decidí preparar mi boda, pensé que tendría todo lo que había soñado de pequeña:
Sería una boda especial, de color blanco y rosa, con damas de honor vestidas iguales, con una tarta muy elegante con muchos pisos, y muchas otras sorpresas.
No tuve en cuenta que mi boda la preparé en menos de tres meses y sin muchos medios económicos. Pero tenía que ser, ahora o nunca. No podía esperar otro año más, y más tiempo separados. Encontramos un piso, hablamos con el cura y buscamos un local donde celebrarlo. Por supuesto, tenía que ser en Jaén.
Manolo estaba en Málaga, y yo desde Jaén estuve preparando mi boda, casi sola. Mis amigas me animaban y yo preparaba lo que podía. Mi madre hacía lo que podía, pero siempre estaba muy triste, ya que se suponía que la primera boda que tendría que estar preparando sería la de mi hermana Ana Mari, y no tenía ninguna ganas de fiesta. Al contrario, se ponía a llorar o muy triste cuando le hablaba de algo relacionado con la boda.
Por eso, con 23 años, me sentía muy sola en todo este jaleo. Hice lo que pude.
Conseguí tener mis damas de honor. Mi tía Angelita, muy buena modista, compró la tela en el mercadillo de Jaén (más tarde resultó que el tul de las faldas, era el mismo que cubría el altar de la Iglesia).
Mi amiga Maite de Málaga, mis hermanas Trini y Alicia, y mis primas Ana Belén, Mª del Mar y Mª Carmen fueron mis damas de honor. Mi amiga Maite se trajo la tela a Málaga, y su madre, con unos patrones de una revista de costura, "Burda", le hizo su traje.
Mi prima Lourdes, de 11 años, fue quien me llevó las arras, y mi tía Angelita, su madre, le hizo un vestido de la misma tela que el mio, pero de niña. Raso blanco con florecitas rosas.
Mi vestido era muy cursi. Estuve buscando por muchos sitios. Mis preferidos estaban en Pronovias. En aquel tiempo era a lo que podía aspirar. Los demás eran bastante caros, y esos no estaban mal en cuanto a calidad/precio. Y eran modelos muy bonitos.
Pero seguían siendo caros, y no sabía cómo iba a pagarlos. La situación familiar estaba mal.
Pero un día pasé por una de esas tiendas en cuyo escaparate nunca me habría parado, y allí había un vestido que me llamó la atención. Era de raso blanco, con una pequeña cola de volantes con florecitas rosas, y mangas de farolillo. Era de palabra de honor, ¿se dice así?  No estoy muy puesta en todos estos términos
Me gustó mucho. Era un vestido muy parecido a los vestidos de las princesas que veía en mis películas, en mis libros de cuentos infantiles.
Y lo mejor de todo, que no era muy caro. Mi madre me lo compró, como regalo de boda.
Yo tenía el pelo corto, rizado, y me quisieron poner un  tocado en el pelo. Al final, me quedé con una floripondia, que me puse en el lateral, y que le salían unas hojitas que se me hincaban en la cabeza. Parecía una araña más que un tocado. Pero me quedé con él, y aunque luego en las fotos no me gustaron, ni me acordé de quitármelo.
Con mi pelo rizado, no iba mucho a la peluquería, pero tenía una donde me gustaba ir, porque el peluquero me peinaba muy bien. Pero cuando le dije el día que me casa, me dijo que estaría fuera. En aquel momento no se llevaba contratar la peluquería un año antes. Tuve que buscar una peluquería desesperadamente, y lo que encontré fue peor.
Con mi pelo rizado, me cogieron los rulos, y salí de  allí con la cabeza que parecía un astronauta, con muchos cables y botones... Menos mal que mi cuñada, Mª Ángeles, que en aquel momento estaba estudiando peluquería (me aplacó un poco aquel pelo. ¡Un desastre!). Ahora es empresaria, tiene una peluquería, y se dedica a peinar novias.... ¡Lo que es la vida!
Ahora vamos al tema de las flores.
Resulta, que yo trabajaba en la policía local de Jaén, y había un compañero, que se llamaba Bernabé, que era floristero además de policía.
Él y yo habíamos hablado mucho de mi boda. Quería que fuera algo especial, y él me iba a realizar el ramo de novia. Me comentó que me haría dos. Uno de novia, con flores blancas y rosas (como yo quería como colores en mi boda) y otro, dominando el rojo, pero también de novia, para después de la ceremonia religiosa. Eso tenía un significado: Ya me había casado. Ya no podría acercarse nadie con otras intenciones. Las flores tienen un lenguaje muy particular. No se iba a enterar nadie, era una de mis sorpresas para ese día.
¡Pues nada, todo hablado y bien cerrado!
Pues quince días antes de mi boda, este buen hombre enferma y muere.
¡Otro obstáculo para realizar mis sueños! Además de la pena de perder a un compañero que era muy buena persona, me encontré buscando de prisa y corriendo una floristería donde encargar las flores para ese día. Quería seguir con la misma idea, también en honor de esta persona. Y les expliqué lo que quería, y parece que lo entendiero, o eso pensaba yo. Y llegó el día de mi boda.
En mi casa había mucho jaleo. Mi madre llorando por el recuerdo de mi hermana mayor, que no estaba desde hacía tres años; la gente de Málaga, que llegó en un autobús y estuvo todo el día cantando y contando chistes al lado de mi casa: ¡que viva la novia, pero que no viva tan lejos...!
Mis hermanas nerviosas. El novio en casa de mi abuela (dos pisos más abajo) arreglándose con su familia.
Y llegan las flores. Mi ramo de novia, muy bonito y sencillo, con rosas de color rosa... y el ramo rojo... ¡bueno, era una docena de claveles rojos en un papel de celofán!
Yo no sé quién tuvo la magnífica idea de intentar hacer algo con él.
Se le cortaron los tallos, se juntaron todos los claveles, y se le puso un papel de alumnio alrededor. O sea, intentando hacer un bouquet... jajajajajaj, pero qué tontas fuimos. Nadie se dió cuenta, cogió las riendas y dejó los claveles en la bañera, en un cubo con agua, para otra ocasión. ¡nada!
Preparamos un"ramo de novia rojo".
La idea era que mientras firmaba en la Iglesia, alguien cogería el ramo (que llevaríamos a mi hermana allí donde se supone que está -que yo dudo que esté allí, todo sea de paso-), y y me traería el rojo. ¡Pero por favor! ¿nadie se dió cuenta que eso era una estupidez? Pues nada, seguimos adelante con el plan.
Aquí está el momento de la firma, y nunca más ví mi ramo de novia, el verdadero ramo de novia, el que tendría que aparecer en el reportaje de boda, después en los jardines.... 
¡ay, si se pudiera volver atrás!


Ni siquiera el buenísimo fotógrafo, de la familia, para más ende, que me haría unas fotos fantásticas, se dió cuenta de este detalle. ¡Bueno, lo de las fotos fantásticas era un decir, porque ya os contaré más abajo cómo fue el tema! jajajaj, si es que me acuerdo y me dan ganas de llorar.
Pues ahí estoy, en todas mis fotos, con una docena de claveles rojos, apretujados, con papel de aluminio y con un lazo rojo de cinta de papel. Al final, cuando fuimos al castillo, ya desperté y deseché el ramo.   O sea, ni una foto con un ramo de novia, ni el malo, ni el bueno.
Y eso me produjo un trauma bien grande, una obsesión. Cuando mi hermana Alicia se casó, unos cuantos años más tarde, yo le hice el reportaje de fotos, y en todas las fotos está el ramo. No quería que faltara. Tanto es así, que no hay ni una foto de ella sola sin el ramo, y el vestido que le había hecho mi tía, su madrina, llevaba unos adornos en la cintura muy bonitos, que en ninguna foto se aprecian, por culpa del ramo, que siempre estaba delante. ¡Enfin! Eso son traumas infantiles...
EL REPORTAJE DE FOTOGRAFÍAS                                                                                       
Eso fue otro tema. Yo tenía un amigo, al cual llevaba mis fotos a revelar, con el que tenía mucha confianza para que me hiciera las fotos. Yo quería unas fotos originales, no las típìcas con las típicas poses de todos los reportajes de boda. En aquel tiempo tampoco había dónde elegir. Y mi amigo me conocía y sabía lo que quería.                                                  
Era un buen fotógrafo. Pero mi madre se empeñó en que fuera un primo suyo, al que no veía desde que era chica, y que yo no sabía ni que existía. Sí había oido hablar de su madre, o sea, la tía de mi madre. Se empeñó y se empeñó  y no pude hacer nada. Eso sería un desplante para la familia.                 
Así es que le expliqué a este muchacho lo que quería, y creo que no me entendió muy bien, o tuve muy mala suerte, una vez más. No digo que fueran unas fotos malas, ni mucho menos, pero no lo que yo esperaba.
Concluyo: Sabía que llevaba mis 6 damas de honor, con cestas y pétalos de rosa. Las cestas las compramos en el mercadillo y las pintamos nosotras. Y le pusimos unos lazos rosas.
Pues ni una foto de las damas de honor, NI UNA. Ni individuales, ni en grupo. Sólo tengo las que hicieron amigos míos con sus cámaras, que en aquel entonces eran malillas, y nadie sabía hacer fotos como ahora.
Y las demás fotos fue otro tema. De naturales, como yo quería, ¡nada de nada!.
De poses superficiales, como yo no quería, todo lo demás. Tengo una que es una panzá de reír, lo que pasa es que no la encuentro.
Estamos en el castillo de Jaén. Al fotógrafo debió gustarle mi cola de volantes, porque siempre me la ponía delante de mí, muy bien colocadita, muy puesta, muy natural...
Los volantes muy bien colocados, sin arrugarse... El novio, en esa foto (cosa rara, porque nunca salía) estaba a mi lado. El fotógrafo me pedía que le mirara,  que levantara la cabeza. "Tuerce la  cabeza hacia la derecha -decía-. Ahora baja la barbilla, levanta el hombro derecho, mira hacia arriba, y ahora mueve con cuidado la cintura y rodea hacia tu izquierda.... ¿Os podéis imaginar? ¡qué postura más rara y complicada! Eso era de lo más innatural que te puedes echar a la cara. Pues ahí está, en el salón de casa de mi suegra, donde sólo se ve cola del vestido, y vestido, y en todo lo alto, una cabecilla retorcida con mirada de boba....
TARTA:
Y ahora lo de la tarta. ¡Otro tema para recordar y para contar como anécdota de esa boda maravillosa y llena de sorpresas que pretendía!
Todas las tartas de las bodas eran iguales. Bizcocho de chocolate, nata y floripondias en forma de rosa, de varios colores. Al menos, las que yo me podía permitir.
Encontré una pastelería donde hacían algunas cosas más especiales. Les comenté que quería una tarta con varios pisos, de merengue y adornada con fresas, y lazos rosas, y en lo alto, un cisne que ví en una foto que tenían de muestrario. Un cisne precioso. Le daba una elegancia a la tarta que me gustó mucho.
¡¡Pues nada!! Encargo la tarta. Yo toda ilusionada. Era otra sorpresa para la boda. ¡Mi boda estaría llena de sorpresas, como a mí me gustaba!
Llega el gran día, y me llevan la tarta al restaurante.
Yo noto algo raro, pero con el jaleo, los nervios, no me doy cuenta de nada más. Pero la tarta no lucía como yo había esperado.
Sonó la música nupcial, el camarero nos pasó una espada que se sacaron de no se sabe dónde, y cortamos la tarta. Aplausos, flash de las cámaras, prueba de la tarta, y un beso para el álbum de fotos. La tarta estaba riquísima, rellena de fresas.
Cuando ví las fotos, me dí cuenta que el cisne no estaba.
Me llegué a la tienda y me explicaron todo. Resulta, que al trasladar la tarta en la furgoneta, se les cayó, y el cisne se rompió. ¡Nunca llegué a verlo! Y lo único que tenían a mano era un pato. Un pato regordete, pequeñito, y con cara de asustado, que recibió una estocada con la espada. jajajjaja.
Las fotos de mis amigos, eran tan malas, que ni se ve el rosa, ni el pato, ni nada.... ¡Y menos mal!
Y según parece, cuando le reclamé al fotógrafo más fotos, sobre todo aquellas que eché de menos, me dijo que se le había estropeado el carrete, o algo así. NO tengo fotos de reportaje con mi padre, con mi madre, con mi familia más allegada. Y encima, ahora no las encuentro. ¡si es que parece que me echaron una maldición! ¡Menos mal que aún seguimos juntos, porque si no, ya sería el colmo!
Pero a pesar de todo, la boda fue muy bonita.
Todo en blanco y rosa, como había soñado de pequeña. ¡Una ñoñería, lo sé, pero era mi sueño, y tenía 23 años, y hace ya casi 26!
Mis damas de honor vestidas iguales, muy formalitas. La niña de las arras, que me acompañó, mi prima Lourdes, a la que quería muchísimo, y con la que jugaba mucho.
Mi tarta de tantos pisos, mi familia.
La ceremonia religiosa preciosa. La lectura de San Pablo a Los Corintios, que leí yo:
    "... El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidias..."
Nos casamos nosotros mismos.
Manolo: "Yo Manolo, te quiero a tí Mª Ángeles como esposa, y prometo serte fiel, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida".
Mª Ángeles: "Yo Mª Ángeles, te quiero a tí Manolo como esposo, y prometo serte fiel, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida".
Hubo lágrimas en la ceremonia. De mi abuela, de mis amigas, hasta del novio. Lágrimas que sequé cuando íbamos en el coche.
Hubo mucha alegría. La familia de Manolo, unas 50 personas que venían de Málaga, estuvieron cantando, contando chistes, aplaudiendo cada ocurrencia... Mi familia, se entusiasmó de tanta fiesta, y participaron  en la misma. Mi tío Manolo, su tío Manolo... los dos iguales, los dos chistosos....
Lo único malo es que se tuvieron que ir muy pronto. En aquel tiempo la carretera estaba muy mal, y tardaban mucho en llegar. Y el conductor del autobús no esperó nada. 
Fue una boda muy, muy alegre, donde todos nos lo pasamos muy bien.
Y esta fue una buena muestra de  cómo terminó todo, antes de irnos a una discoteca a seguir con la fiesta.
 Brindando y agradeciendo a todas las personas que vinieron a nuestra boda: mis compañeros y compañeras de trabajo, de la Policía Local de Jaén; nuestros amigos y amigas de Málaga, Fernando, Maite, Toñi y Paloma; mis amigos y amigas de Jaén; la familia de Málaga; la familia de Jaén...

Y el vídeo, jajajaj, el vídeo es para hincharse de reír...
En casa, mis hermanas pasando delante de mí, mientras grababan. Yo muy "mandona" les decía que no me taparan la cara, y mi hermana Trini venga pasar. ¡otra vez! Mi madre le reñía :"Mª Trini, no hagas el ganso", jajajaj.
Al salir del cuarto el banquete en medio, la bicicleta estática por allí, las paredes empapeladas con unas floripondias... jajajaj, ¡qué glamour!
Mis hijos e hija lo ven, y se parten de la risa
 Una foto del reportaje que andaba por ahí. Las demás, no las encuentro. Tengo que buscar por toda la casa. No quiero perderlas.

12 de marzo de 2011

UNA LLAMADA INESPERADA

UNA LLAMADA INESPERADA

Mónica estudíó Administración de Empresas, y para pagar su carrera, trabajó de presentadora de cosméticos.
Era muy fácil vivir a su lado, porque ella lo hacía todo muy fácil; no se enfadaba por tonterías, no discutían, sino que dialogaba; no pretendía que él cambiara, sino que lo respetaba. Y siempre tenía una conversación fluida y amena.

Le salió la oportunidad de su vida, cuando le ofrecieron llevar una franquicia de una marca de cosméticos muy exitosa en Londres, con un grupo de gente a su cargo, y posibilidad de ascender a puestos de mayor categoría.

Él no quería que se marchara. Su carrera política estaba en un punto muy difícil. Se acercaban las elecciones. No pensaba en otra cosa. Ni siquiera se sentó a hablar del tema, con una copa de vino entre las manos, como hacían habitualmente cuando tenían que tomar decisiones.

Mantuvieron contacto telefónico durante dos años, y una o dos visitas en fechas señaladas. Él, siempre aferrado a sus conferencias, pendiente de una entrevista en un medio de comunicación, esperando continuamente las estadísticas de intención de voto, etc....

           -Mañana saco el billete, cariño
           -Cariño, hasta el mes que viene no puedo salir de aqui....

Así era una y otra vez. La voz de Mónica, tras el auricular, sonaba cada vez más apagada. Ya no le contaba con tanto entusiasmo las ventas que había hecho ese mes, ni le hacía partícipe de su proyecto de ampliación, ni del personal que había tenido que contratar para poder abarcar el mercado de clientes.

Eduardo comenzó a echarla de menos cuando se dio cuenta que sólo recibía malas caras a su alrededor, que nadie se paraba a decirle que tenía una corbata que le sentaba muy bien, o a preguntarle qué tal había dormido, y si recordaba el color de sus sueños.

El olor a café recién hecho, mezclado con el olor de la hierbabuena en el té de "dulce invierno" que a ella le gustaba, lo acompañaba en su memoria, porque ahora estaba ausente.

Se vestía rápido y salía pronto a la calle, para escaparse de ese frío que sentía cada vez que miraba la cocina vacía, sin la música de la radio, ni los tulipanes en el jarrón azul de la mesita de la entrada, ni la goma del pelo sobre la encimera del baño, y tantas y tantas otras cosas que le recordaban a ella.

Tenía que recuperarla. Tenía que hacerle olvidar que en el momento más importante de su vida, cuando se le abría un futuro prometedor, lleno de inseguridades por la responsabilidad del cargo y de ilusiones por la nueva situación, la había dejado sola. Ella que lo acompañó en cada visita a los pueblos, en cada mitin hasta las doce de la noche, en cada momento de desasosiego por un mal resultado.

El avión tenía que haber salido ya.

Eduardo estaba en la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. Había llegado hacía más de media hora, y ya se estaba impacientando.

Una azafata de información, de piel blanca, ojos grandes y expresivos y cabello ligeramente despeinado, como si una ráfaga de viento la hubiera sorprendido, lo saludó amablemente cuando se acercó a preguntar. Le habló en un perfecto inglés cuando Eduardo se dirigió a ella en ese idioma, utilizado adrede para practicar la pronunciación, y así estar más preparado para su destino.

Se dirigió, llevando dos pesadas maletas, un maletín y un ramo de tulipanes, a recoger su tarjeta de embarque. No tuvo ninguna duda, cuando vio la cola de personas que estaba esperando para facturar, que le quedaría aún mucho tiempo para salir.

La cola se hacía cada vez más grande. Había bullicio, niños que correteaban de un lado a otro. Las madres, nerviosas, sin querer dejar su sitio en la cola, no sabían qué hacer con ellos, avergonzadas por el espectáculo, y a la vez, buscando una sonrisa cómplice que les recordara que era cosa de niños.

Los empleados de la compañía aérea correspondiente, estaban saturados por la cantidad de personas que tenían que atender, y del poco tiempo del que disponían. De todas formas, no se notaba tal agobio. Paciencia, voz amable y sonrisa permanente eran sus armas para atender a tantas personas que ya estaban perdiendo los nervios.

Eduardo impecablemente vestido, con traje de chaqueta azul oscuro, cabello incipientemente canoso, echado hacia atrás, mira nervioso su reloj. Se muerde los labios, mientras vuelve la cabeza hacia un lado y hacia otro, esperando que alguien le conteste a su llamada de socorro, como si pudiera adelantar el tiempo, el tiempo perdido.

Tenía el billete sacado desde hacía un mes... Le costó trabajo decidirse. Si lo compraba, tenía que marchar, no habría vuelta a trás. Si no lo compraba, se arrepentiría. ¡Estaba seguro! Y no podía aguantar más esta situación.

Le da tiempo a pensar en su pasado. Visualiza sus años de juventud. Quería vivir la vida, sin preocupaciones. Quería llegar a ser un político de renombre. Alcanzar su sueño de poder, pero sin mucho esfuerzo. Nunca había sido buen estudiante. No quería tener responsabilidades, ni perro que le ladrara.

Pero en su vida se cruzó Mónica, una muchacha menuda, de andares simpáticos. Parecía un pajarito cada vez que iba a su encuentro, dando saltos, como un gorrión, sin apenas hacer ruido. Si la piropeaba, la nariz respingona se le ponía colorada, y arrancaba una sonrisa a Eduardo.

La llamó y le prometió que iría a verla. Le prometió que estaría allí para la inauguración de su nuevo local, y la presentación de una nueva campaña publicitaria, que ella misma había diseñado.

Decidido, esta vez sí, y habiendo encontrado trabajo en Londres, sabía que hacía lo correcto. Ahora sí.

De pronto Eduardo despierta de su sueño cuando oye que la sintonía de su móvil está sonando cada vez más fuerte, desde hace unos minutos, insistente, después de dos intentonas.

Reacciona con sobresalto. No se lo esperaba. Le toca el turno de entregar su documentación para facturar el equipaje, y de hecho, mientras atiende la llamada, le ponen la etiqueta de identificación en las maletas.

Todos están pendientes de él, porque está atrasando la tarea, y están impacientes por llegar ya al mostrador que les acerca más a su destino.

Se oye un grito desgarrador. A Eduardo se le cae el maletín que llevaba en la mano, su cara se vuelve pálida de pronto, un sudor frío recorre todo su cuerpo y cae, desmayado, sobre el suelo frío del aeropuerto.

Los pasajeros que le rodean comienzan a desabrocharle la camisa clara de rayas, le arrancan la corbata que había elegido esa misma mañana, la de color rosa mosqueta, la que le regaló Mónica el día de su primer mitin, y que no había estrenado porque le parecía demasiado buena, y guardaba para una mejor ocasión. La dejan caer junto al maletín, abierto de par en par, con fotografías y cartas desparramadas por el suelo, mientras llaman a los vigilantes para que avisen a un médico.

El ramo de tulipanes que llevaba en la otra mano, también cayó, sin orden, sobre el maletín, sobre el asiento frío de la sala de espera, sobre el cenicero que había en la esquina.

El sonido de la ambulancia se acerca cada vez más. Los pasajeros comienzan a volver a sus respectivos lugares; el personal del aeropuerto acude a sus puestos de trabajo, y un médico de Aena está junto a Eduardo. solos. Eduardo y él, y de sintonía en este momento, el pi-pi-pi del móvil.

                                                                    FIN